La Artista
Base Info
- ChapterCapítulo Portrait of a Murder
- Difficulty
- Speed115%4.6 m/s
Perks
Feature
Una asesina de reconocimiento que ataca a distancia, capaz de enviar Cuervos de mal augurio a través del mapa para revelar y atacar sobrevivientes.
Sus ventajas personales, Abrazo de la muerte, Gancho torturador: Dolor resonante y Maleficio: Pentimento le permiten interrumpir los objetivos de los sobrevivientes, atormentar a los sobrevivientes colgados, y usar los tótems destruidos a su favor.
Sus ventajas personales, Abrazo de la muerte, Gancho torturador: Dolor resonante y Maleficio: Pentimento le permiten interrumpir los objetivos de los sobrevivientes, atormentar a los sobrevivientes colgados, y usar los tótems destruidos a su favor.
Skill
Aves de tormento
Desde una fuente de agonía eterna se aproxima un enjambre de oscuridad, una bandada salvaje y feroz de cuervos negros como la tinta.
Mantén presionado el botón de poder para cargar Aves de tormento. Una vez cargado al máximo, toca el botón de ataque para invocar un Cuervo de mal augurio. Puedes repetir esta acción al mantener apretado el botón de poder y tocar el botón de ataque de nuevo.
Cuando al menos un Cuervo de mal augurio es invocado, se queda inactivo por un tiempo limitado. Invocar un nuevo Cuervo de mal augurio extenderá el tiempo que el Cuervo invocado anteriormente está inactivo.
Toca el botón de la habilidad para hacer que los Cuervos de mal augurio vuelen.
Los Cuervos de mal augurio pueden infligir daño a corta distancia mientras vuelan. Esto se le indica a la asesina mediante la Trayectoria de vuelo de los Cuervos de mal augurio.
Una vez que un Cuervo de mal augurio termine la Trayectoria de vuelo, ya no infligirá daño, pero podrá atravesar obstáculos y revelar a los sobrevivientes cercanos usando Instinto asesino.
En esta fase, los Cuervos de mal augurio rodearán a los sobrevivientes a los que ataquen, y le permitirán a la asesina ver el aura de la bandada que rodea al sobreviviente. El sobreviviente puede espantar a la bandada con la acción de repeler o entrar a un casillero. Durante este tiempo, la asesina no podrá ver el aura de la bandada.
Un sobreviviente rodeado recibirá daño si es atacado por un segundo Cuervo de mal augurio.
Mantén presionado el botón de poder para cargar Aves de tormento. Una vez cargado al máximo, toca el botón de ataque para invocar un Cuervo de mal augurio. Puedes repetir esta acción al mantener apretado el botón de poder y tocar el botón de ataque de nuevo.
Cuando al menos un Cuervo de mal augurio es invocado, se queda inactivo por un tiempo limitado. Invocar un nuevo Cuervo de mal augurio extenderá el tiempo que el Cuervo invocado anteriormente está inactivo.
Toca el botón de la habilidad para hacer que los Cuervos de mal augurio vuelen.
Los Cuervos de mal augurio pueden infligir daño a corta distancia mientras vuelan. Esto se le indica a la asesina mediante la Trayectoria de vuelo de los Cuervos de mal augurio.
Una vez que un Cuervo de mal augurio termine la Trayectoria de vuelo, ya no infligirá daño, pero podrá atravesar obstáculos y revelar a los sobrevivientes cercanos usando Instinto asesino.
En esta fase, los Cuervos de mal augurio rodearán a los sobrevivientes a los que ataquen, y le permitirán a la asesina ver el aura de la bandada que rodea al sobreviviente. El sobreviviente puede espantar a la bandada con la acción de repeler o entrar a un casillero. Durante este tiempo, la asesina no podrá ver el aura de la bandada.
Un sobreviviente rodeado recibirá daño si es atacado por un segundo Cuervo de mal augurio.
Story
Carmina Mora era una artista talentosa que cargaba con la culpa de la muerte de su hermano menor. Pasó su infancia en un escarpado pueblo costero en el sur de Chile, dibujando los sublimes paisajes de la Patagonia. Se sentaba afuera para pintar fiordos espectaculares mientras alimentaba a los cuervos anidados en el árbol junto a la casa.
Creció cargando con la culpa por la repentina partida de su madre. Su padre la culpaba por ese abandono, y eso solo hacía que su pesar aumentara. Ella fue quien se hizo cargo de Matías, su hermano menor, a pesar de seguir siendo una niña.
Un año después, Carmina se encontraba pintando afuera con Matías cuando sonó el teléfono. Su padre siguió bebiendo cerveza en el jardín. Carmina corrió hacia la casa para contestar el teléfono y colgó unos segundos más tarde. Cuando volvió afuera, Matías no estaba por ningún lado. Le preguntó a su padre, pero este no le había prestado atención a Matías. Llamó a su hermano por su nombre y lo buscó por todas partes. Mientras buscaba, vio un abrigo rojo brillante flotar sobre el estrecho arroyo que estaba cerca de la casa: la chaqueta de Matías. Saltó al arroyo y lo encontró flotando en la superficie con la mirada perdida, sin parpadear. Se había caído y ahogado.
Sus gritos rasgaron el cielo. Su padre la encontró llorando a orillas del arroyo mientras sostenía el cuerpo de su hermano entre sus brazos, rodeada de una bandada de cuervos. El hombre le arrebató el cuerpo de Matías y ella lloró hasta perder la voz.
A la mañana siguiente, el mundo se encontraba envuelto en oscuridad. Su padre no dijo ni una sola palabra; no hacía falta. Carmina sabía que todo era su culpa. Los meses pasaron, pero ella seguía sin poder superar su pérdida. Mutilada por el autodesprecio, ya no pudo seguir pintando. Sin Matías, la vida ya no tenía sentido.
En la triste mañana del cumpleaños de Matías, Carmina caminó hasta un estrecho puente que estaba a varias cuadras de su casa. Estaba convencida de que nada podría traerle alivio. Su madre se había ido, su hermano estaba muerto, y su padre la culpaba por todo. Estaba convencida de que no le quedaba ningún motivo para vivir.
Carmina caminó hasta la barandilla del puente situado sobre el turbulento río. Los habitantes habían bautizado ese sitio como "Salto de la Muerte". Varios autos pasaron junto a Carmina, pero ninguno se detuvo. A nadie parecía importarle. Trepó por la barandilla y sus piernas comenzaron a temblarle tras hallarse de pie en el borde del puente. Miró hacia abajo y vio cómo el feroz río chocaba contra una piedra gigante. Cerró los ojos.Nos vemos pronto, Matías.
De repente, una cacofonía de graznidos llenó el cielo. Carmina abrió los ojos y vio una nube negra de plumas que volaba hacia ella. La nube se abrió y del cielo bajaron cuervos negros y brillantes. Uno aterrizó sobre su hombro y la miró fijamente a los ojos, como si estuviera mirando dentro de su alma. Comenzó a perder el equilibrio sobre la barandilla y el cuervo se puso a graznar con voz ronca. Confundida, Carmina miró al cuervo.
Otro cuervo aterrizó sobre la barandilla, y luego otro. En poco tiempo, una bandada de cuervos cubría la barandilla del puente, sin despegarse de ella. Sintió sus miradas intensas posarse sobre ella, calculadoras y enigmáticas, como si estuvieran evaluándola. Miró hacia abajo por un segundo hasta que un estruendo de graznidos interrumpió su oscuro impulso. Los cuervos parecían preocuparse por su bienestar. Mientras se balanceaba sobre el borde con el viento soplando a través de su cabello azabache, Carmina se sintió identificada con ellos. Por primera vez desde la muerte de Matías, Carmina no se sintió sola.
Regresó a casa y le dio a la vida una segunda oportunidad. Los cuervos se fueron, pero Carmina sospechaba que si algo llegara a pasarle, volverían.
Carmina, inspirada por su experiencia, tomó un pincel. En las semanas siguientes, pintó su experiencia usando tinta negra para representar el "Salto de la Muerte" con una nube negra de plumas. Era la bandada de cuervos que le salvó la vida. La experiencia fue transformadora y dio inicio a su distintivo estilo de arte surrealista con tinta negra.
Después de varios años, un poco de color logró atravesar la oscuridad, y este cambio de técnica expandió su forma de expresión artística. Comenzó a pintar murales de gran formato en calles muy transitadas, diseñó vestuarios grandiosos y recitó poesía militante. El arte de Carmina mostraba tragedias locales e íntimas a gran escala, lo cual las volvía imposibles de ignorar. Y daba igual el lugar en donde se presentara, los cuervos siempre la seguían.
Sus presentaciones se volvieron cada vez más osadas y llamaron la atención de artistas que consideraban que su estilo era estimulante. Convivió muy de cerca con un grupo de pintores que comprendía su visión iconoclasta. Sus presentaciones pusieron en marcha el movimiento surrealista a gran escala, el cual se convirtió en un fenómeno.
Su renombre creció lo suficiente como para recibir una invitación de una empresa multinacional: Vack Label. Carmina investigó al grupo y descubrió que regalaban obras de arte a congresistas selectos de dudosa reputación. Los artistas contratados por Vack parecían desaparecer después de eso.
Carmina, quien estaba decidida a exponer el vínculo del grupo con políticos corruptos, aceptó el encargo de Vack. La semana siguiente, Carmina pintó un mural enorme en el nicho de un cementerio, en el que representó el logo de Vack Label como la muerte de forma surrealista, cosechando los campos de familias chilenas. Llevaba puesto un vestido teatral mientras pintaba, en el que había cosido un poema sobre revolución política.
La obra suscitó un debate radical sobre la corrupción. La polémica pintó un blanco sobre Carmina. Luego de recibir varias amenazas de muerte anónimas, se refugió en la casa de su padre, y llevó consigo a sus amigos más cercanos para que estuvieran a salvo.
Esa misma noche, un grupo de enmascarados armados irrumpieron en la casa. Sometieron a Carmina y a sus amigos con facilidad, los metieron en una furgoneta y se marcharon.
A la mañana siguiente, Carmina despertó con una brisa seca que le soplaba arena en la cara. Estaba sentada en una silla en el medio del desierto, con las piernas atadas y las manos esposadas. Sus amigos estaban en el suelo, atados. Una sombra se posó sobre ella. Carmina miró hacia arriba.
Un hombre vestido con una larga túnica y una capucha oscura que le cubría el rostro se acercó a ella. Sacó un cuchillo plateado de la túnica.
Tomó sus manos y recitó un himno en un idioma desconocido. Carmina le sostuvo la mirada. Él se detuvo y bajó el cuchillo de golpe.
Gritó de la agonía mientras sus amigos despertaban para ver algo terrible: las manos de Carmina cayendo en la arena. A continuación, sus esposas cayeron en un charco de sangre.
El hombre encapuchado sonrió con satisfacción. ¿Cómo vas a pintar ahora? Carmina lo maldijo y le gritó, mientras luchaba para liberarse de las ataduras.
El hombre tomó a Carmina del mentón. Ella le escupió en la cara.
Él gruñó y la obligó a abrir la boca y sacar la lengua por la fuerza. Carmina forcejeaba para soltarse. Con un golpe violento, le cortó la lengua a Carmina.
Ella aulló del dolor. El hombre limpió el cuchillo en la túnica, donde quedó una mancha de sangre. ¿Cómo vas a recitar poemas ahora?
El pecho de Carmina se llenó de una tristeza más aguda que el dolor. Abrumada por una rabia incontrolable, la pena y la pérdida se apoderaron de sus sentidos. Había perdido a su hermanito. Y había perdido la única forma que tenía de lidiar con semejante dolor. Carmina gritó al igual que el día en que murió su hermano.
Unos graznidos estridentes resonaron en el páramo. Un ciclón de nubes oscuras eclipsó el cielo. Plumas negras cayeron sobre los brazos ensangrentados de Carmina. Levantó la vista y vio un raudal de cuervos que surgía de las nubes y se abalanzaba sobre el hombre encapuchado.
Mientras los voraces cuervos picoteaban su carne sin piedad, Carmina sonrió, viendo cómo su arte surrealista cobraba vida.
Pero su corazón se estremeció de rabia cuando vio que los cuervos pasaban a su siguiente objetivo: sus amigos que estaban en el suelo. Gritó mientras el dolor, la culpa y el miedo la inundaban. Pero fue en vano, los voraces cuervos eran incontrolables.
La oscuridad se apoderó de sus ojos mientras los gritos de agonía de sus amigos se agudizaban. La muerte se acercaba y, otra vez, era su culpa.
Una niebla negra y espesa se la tragó.
Creció cargando con la culpa por la repentina partida de su madre. Su padre la culpaba por ese abandono, y eso solo hacía que su pesar aumentara. Ella fue quien se hizo cargo de Matías, su hermano menor, a pesar de seguir siendo una niña.
Un año después, Carmina se encontraba pintando afuera con Matías cuando sonó el teléfono. Su padre siguió bebiendo cerveza en el jardín. Carmina corrió hacia la casa para contestar el teléfono y colgó unos segundos más tarde. Cuando volvió afuera, Matías no estaba por ningún lado. Le preguntó a su padre, pero este no le había prestado atención a Matías. Llamó a su hermano por su nombre y lo buscó por todas partes. Mientras buscaba, vio un abrigo rojo brillante flotar sobre el estrecho arroyo que estaba cerca de la casa: la chaqueta de Matías. Saltó al arroyo y lo encontró flotando en la superficie con la mirada perdida, sin parpadear. Se había caído y ahogado.
Sus gritos rasgaron el cielo. Su padre la encontró llorando a orillas del arroyo mientras sostenía el cuerpo de su hermano entre sus brazos, rodeada de una bandada de cuervos. El hombre le arrebató el cuerpo de Matías y ella lloró hasta perder la voz.
A la mañana siguiente, el mundo se encontraba envuelto en oscuridad. Su padre no dijo ni una sola palabra; no hacía falta. Carmina sabía que todo era su culpa. Los meses pasaron, pero ella seguía sin poder superar su pérdida. Mutilada por el autodesprecio, ya no pudo seguir pintando. Sin Matías, la vida ya no tenía sentido.
En la triste mañana del cumpleaños de Matías, Carmina caminó hasta un estrecho puente que estaba a varias cuadras de su casa. Estaba convencida de que nada podría traerle alivio. Su madre se había ido, su hermano estaba muerto, y su padre la culpaba por todo. Estaba convencida de que no le quedaba ningún motivo para vivir.
Carmina caminó hasta la barandilla del puente situado sobre el turbulento río. Los habitantes habían bautizado ese sitio como "Salto de la Muerte". Varios autos pasaron junto a Carmina, pero ninguno se detuvo. A nadie parecía importarle. Trepó por la barandilla y sus piernas comenzaron a temblarle tras hallarse de pie en el borde del puente. Miró hacia abajo y vio cómo el feroz río chocaba contra una piedra gigante. Cerró los ojos.Nos vemos pronto, Matías.
De repente, una cacofonía de graznidos llenó el cielo. Carmina abrió los ojos y vio una nube negra de plumas que volaba hacia ella. La nube se abrió y del cielo bajaron cuervos negros y brillantes. Uno aterrizó sobre su hombro y la miró fijamente a los ojos, como si estuviera mirando dentro de su alma. Comenzó a perder el equilibrio sobre la barandilla y el cuervo se puso a graznar con voz ronca. Confundida, Carmina miró al cuervo.
Otro cuervo aterrizó sobre la barandilla, y luego otro. En poco tiempo, una bandada de cuervos cubría la barandilla del puente, sin despegarse de ella. Sintió sus miradas intensas posarse sobre ella, calculadoras y enigmáticas, como si estuvieran evaluándola. Miró hacia abajo por un segundo hasta que un estruendo de graznidos interrumpió su oscuro impulso. Los cuervos parecían preocuparse por su bienestar. Mientras se balanceaba sobre el borde con el viento soplando a través de su cabello azabache, Carmina se sintió identificada con ellos. Por primera vez desde la muerte de Matías, Carmina no se sintió sola.
Regresó a casa y le dio a la vida una segunda oportunidad. Los cuervos se fueron, pero Carmina sospechaba que si algo llegara a pasarle, volverían.
Carmina, inspirada por su experiencia, tomó un pincel. En las semanas siguientes, pintó su experiencia usando tinta negra para representar el "Salto de la Muerte" con una nube negra de plumas. Era la bandada de cuervos que le salvó la vida. La experiencia fue transformadora y dio inicio a su distintivo estilo de arte surrealista con tinta negra.
Después de varios años, un poco de color logró atravesar la oscuridad, y este cambio de técnica expandió su forma de expresión artística. Comenzó a pintar murales de gran formato en calles muy transitadas, diseñó vestuarios grandiosos y recitó poesía militante. El arte de Carmina mostraba tragedias locales e íntimas a gran escala, lo cual las volvía imposibles de ignorar. Y daba igual el lugar en donde se presentara, los cuervos siempre la seguían.
Sus presentaciones se volvieron cada vez más osadas y llamaron la atención de artistas que consideraban que su estilo era estimulante. Convivió muy de cerca con un grupo de pintores que comprendía su visión iconoclasta. Sus presentaciones pusieron en marcha el movimiento surrealista a gran escala, el cual se convirtió en un fenómeno.
Su renombre creció lo suficiente como para recibir una invitación de una empresa multinacional: Vack Label. Carmina investigó al grupo y descubrió que regalaban obras de arte a congresistas selectos de dudosa reputación. Los artistas contratados por Vack parecían desaparecer después de eso.
Carmina, quien estaba decidida a exponer el vínculo del grupo con políticos corruptos, aceptó el encargo de Vack. La semana siguiente, Carmina pintó un mural enorme en el nicho de un cementerio, en el que representó el logo de Vack Label como la muerte de forma surrealista, cosechando los campos de familias chilenas. Llevaba puesto un vestido teatral mientras pintaba, en el que había cosido un poema sobre revolución política.
La obra suscitó un debate radical sobre la corrupción. La polémica pintó un blanco sobre Carmina. Luego de recibir varias amenazas de muerte anónimas, se refugió en la casa de su padre, y llevó consigo a sus amigos más cercanos para que estuvieran a salvo.
Esa misma noche, un grupo de enmascarados armados irrumpieron en la casa. Sometieron a Carmina y a sus amigos con facilidad, los metieron en una furgoneta y se marcharon.
A la mañana siguiente, Carmina despertó con una brisa seca que le soplaba arena en la cara. Estaba sentada en una silla en el medio del desierto, con las piernas atadas y las manos esposadas. Sus amigos estaban en el suelo, atados. Una sombra se posó sobre ella. Carmina miró hacia arriba.
Un hombre vestido con una larga túnica y una capucha oscura que le cubría el rostro se acercó a ella. Sacó un cuchillo plateado de la túnica.
Tomó sus manos y recitó un himno en un idioma desconocido. Carmina le sostuvo la mirada. Él se detuvo y bajó el cuchillo de golpe.
Gritó de la agonía mientras sus amigos despertaban para ver algo terrible: las manos de Carmina cayendo en la arena. A continuación, sus esposas cayeron en un charco de sangre.
El hombre encapuchado sonrió con satisfacción. ¿Cómo vas a pintar ahora? Carmina lo maldijo y le gritó, mientras luchaba para liberarse de las ataduras.
El hombre tomó a Carmina del mentón. Ella le escupió en la cara.
Él gruñó y la obligó a abrir la boca y sacar la lengua por la fuerza. Carmina forcejeaba para soltarse. Con un golpe violento, le cortó la lengua a Carmina.
Ella aulló del dolor. El hombre limpió el cuchillo en la túnica, donde quedó una mancha de sangre. ¿Cómo vas a recitar poemas ahora?
El pecho de Carmina se llenó de una tristeza más aguda que el dolor. Abrumada por una rabia incontrolable, la pena y la pérdida se apoderaron de sus sentidos. Había perdido a su hermanito. Y había perdido la única forma que tenía de lidiar con semejante dolor. Carmina gritó al igual que el día en que murió su hermano.
Unos graznidos estridentes resonaron en el páramo. Un ciclón de nubes oscuras eclipsó el cielo. Plumas negras cayeron sobre los brazos ensangrentados de Carmina. Levantó la vista y vio un raudal de cuervos que surgía de las nubes y se abalanzaba sobre el hombre encapuchado.
Mientras los voraces cuervos picoteaban su carne sin piedad, Carmina sonrió, viendo cómo su arte surrealista cobraba vida.
Pero su corazón se estremeció de rabia cuando vio que los cuervos pasaban a su siguiente objetivo: sus amigos que estaban en el suelo. Gritó mientras el dolor, la culpa y el miedo la inundaban. Pero fue en vano, los voraces cuervos eran incontrolables.
La oscuridad se apoderó de sus ojos mientras los gritos de agonía de sus amigos se agudizaban. La muerte se acercaba y, otra vez, era su culpa.
Una niebla negra y espesa se la tragó.