El Espíritu
Base Info
- ChapterCapítulo Shattered Bloodline
- Difficulty
- Speed110%4.4 m/s
Perks
Feature
Una asesina capaz de cambiar de plano para tomar desprevenidos a los sobrevivientes con su poder de movimiento Acecho de Yamaoka. Su poder le permite teletransportarse de un lugar a otro sin ser vista.
Sus ventajas personales Furia espiritual, Maleficio: Tierra embrujada y Rencor le proporcionan las herramientas necesarias para observar y atraer a los sobrevivientes, además de para poder sortear los obstáculos que se encuentre en el camino.
Sus ventajas personales Furia espiritual, Maleficio: Tierra embrujada y Rencor le proporcionan las herramientas necesarias para observar y atraer a los sobrevivientes, además de para poder sortear los obstáculos que se encuentre en el camino.
Skill
Acecho de Yamaoka
El Espíritu puede utilizar su poder, Acecho de Yamaoka, para cambiar a un plano etéreo y reaparecer en una ubicación nueva.
Mantén pulsado el botón de poder para cargarlo. El Espíritu abandonará su forma física y dejará una "cáscara" inerte tras de sí.
Mientras Acecho de Yamaoka está activo:El Espíritu puede desplazarse libremente y se mueve con mayor rapidez durante unos instantes. No podrá atravesar entornos físicos. El Espíritu abandona el plano físico y no podrá ver a ningún sobreviviente. Sin embargo, podrá detectar las marcas de arañazos que dejan. El Espíritu emitirá una señal auditiva por donde pase. Cuando finalice el poder, el Espíritu mantendrá el aumento de velocidad momentáneamente, pero su cáscara desaparecerá.
Usar Acecho de Yamaoka gasta la barra de poder, aunque se recarga con el tiempo. Deberá llenarse por completo antes de poder volver a usarlo.
Mientras Acecho de Yamaoka está activo:
Usar Acecho de Yamaoka gasta la barra de poder, aunque se recarga con el tiempo. Deberá llenarse por completo antes de poder volver a usarlo.
Story
Rin era la única descendiente de la familia Yamaoka. Se crió en las polvorientas salas de una casa tradicional de Kagawa. Estudió Pedagogía en Takamatsu, una universidad privada, lo cual drenó gran parte del ya inestable patrimonio de la familia. Ese mismo año, su madre enfermó y las facturas comenzaron a acumularse. Rin consiguió un trabajo a tiempo parcial en un esfuerzo inútil por tratar de aliviar la carga económica.
Su padre se enfrentaba a una deuda que no dejaba de crecer, así que comenzó a trabajar el doble con vistas a ganarse un ascenso. Fue entonces cuando la falta de sueño empezó a hacer mella en el hombre. Un susurro siniestro lo mantenía despierto toda la noche y le recordaba lo desesperada que era su situación. Agotado, perdió la noción de la realidad. Decidido a luchar contra lo que la voz le susurraba por las noches, el padre de Rin recurrió a un método tajante. Se reunió con su jefe, le explicó su situación y le rogó que le concediese una bonificación, un anticipo, un permiso con goce de sueldo... lo que fuera.
Su solicitud fue rechazada. La empresa había sacado una línea de producción defectuosa que les había ocasionado muchos gastos. Necesitaban alguien a quien culpar, y el padre de Rin tenía el perfil idóneo para ello. Lo despidieron tras veintidós años de servicio.
Esa noche, Rin llegó a casa después de trabajar. Se había quedado tarde para atender a unos clientes rezagados del restaurante. Mientras dejaba la bicicleta en el cobertizo, escuchó los gritos de su madre que provenían del interior de la casa.
Entró a toda prisa, subiendo las escaleras que conducían a la habitación de sus padres. Se encontró a su madre cortada en pedazos en el suelo. Le habían cercenado los miembros con cortes muy limpios y los habían colocado en una posición antinatural. Le habían rebanado los pechos, dejando entrever su caja torácica enteramente abierta. Rin comenzó a sentir arcadas.
Una katana afilada se abalanzó sobre ella. La joven bloqueó el ataque con el antebrazo desnudo. El intenso dolor fue interrumpido por una desagradable sorpresa: su padre blandía la katana con una mueca estoica en el rostro. Gritó para hacer que se detuviera, pero volvió a cortarle el brazo.
Trató de huir, pero resbaló en el suelo empapado de sangre. Sirviéndose del marco de la puerta como apoyo, consiguió levantarse. La katana hendió la pared y le atravesó el otro brazo. Rin aullaba de dolor mientras escapaba hacia el pasillo, pero no pudo evitar la hoja de su padre.
Retrocedió aterrorizada mientras intentaba sujetarse la carne blanda que le colgaba del abdomen. La imagen de las extremidades de su madre se sucedieron como una película en su cabeza.
Rin atacó a su padre y consiguió que tropezase. Este golpeó el destrozado abdomen de la chica, lo que hizo que ella se retorciese de dolor. Mientras hacía uso de todas las fuerzas que le quedaban para levantarse, su padre la alcanzó en el muslo, lo que hizo que la joven se desplomase en el suelo.
Rin se movía a rastras en busca de las escaleras, pero su padre la agarró del pelo y la estampó contra una mampara. El cristal se rompió a causa del impacto y Rin cayó al piso de abajo.
Escuchó pasos por encima de ella. A duras penas consiguió moverse hacia un mar de cristales rotos que le cortaban la carne, pero eso ya no importaba. Tenía que detenerlo. Tenía que pagar por lo que le había hecho a ella y a su madre.
Rin tosía sangre. El cristal le cortó la barbilla e hizo que se desangrara aún más. Comenzó a oír un latido grave. Parecía que su cuerpo pesaba tanto que era incapaz de moverse.
El suelo tembló con los pasos de su padre. Rin sabía que no sobreviviría, pero ya no le importaba. Se vengaría, en esta vida o en la próxima.
Una oscura Niebla comenzó a taparle la vista, pero eso no templó su ira. No descansaría, todavía no. La oscuridad le susurró y le prometió sangre y venganza.
Se había sellado un pacto y Rin cerró los ojos.
Su padre se enfrentaba a una deuda que no dejaba de crecer, así que comenzó a trabajar el doble con vistas a ganarse un ascenso. Fue entonces cuando la falta de sueño empezó a hacer mella en el hombre. Un susurro siniestro lo mantenía despierto toda la noche y le recordaba lo desesperada que era su situación. Agotado, perdió la noción de la realidad. Decidido a luchar contra lo que la voz le susurraba por las noches, el padre de Rin recurrió a un método tajante. Se reunió con su jefe, le explicó su situación y le rogó que le concediese una bonificación, un anticipo, un permiso con goce de sueldo... lo que fuera.
Su solicitud fue rechazada. La empresa había sacado una línea de producción defectuosa que les había ocasionado muchos gastos. Necesitaban alguien a quien culpar, y el padre de Rin tenía el perfil idóneo para ello. Lo despidieron tras veintidós años de servicio.
Esa noche, Rin llegó a casa después de trabajar. Se había quedado tarde para atender a unos clientes rezagados del restaurante. Mientras dejaba la bicicleta en el cobertizo, escuchó los gritos de su madre que provenían del interior de la casa.
Entró a toda prisa, subiendo las escaleras que conducían a la habitación de sus padres. Se encontró a su madre cortada en pedazos en el suelo. Le habían cercenado los miembros con cortes muy limpios y los habían colocado en una posición antinatural. Le habían rebanado los pechos, dejando entrever su caja torácica enteramente abierta. Rin comenzó a sentir arcadas.
Una katana afilada se abalanzó sobre ella. La joven bloqueó el ataque con el antebrazo desnudo. El intenso dolor fue interrumpido por una desagradable sorpresa: su padre blandía la katana con una mueca estoica en el rostro. Gritó para hacer que se detuviera, pero volvió a cortarle el brazo.
Trató de huir, pero resbaló en el suelo empapado de sangre. Sirviéndose del marco de la puerta como apoyo, consiguió levantarse. La katana hendió la pared y le atravesó el otro brazo. Rin aullaba de dolor mientras escapaba hacia el pasillo, pero no pudo evitar la hoja de su padre.
Retrocedió aterrorizada mientras intentaba sujetarse la carne blanda que le colgaba del abdomen. La imagen de las extremidades de su madre se sucedieron como una película en su cabeza.
Rin atacó a su padre y consiguió que tropezase. Este golpeó el destrozado abdomen de la chica, lo que hizo que ella se retorciese de dolor. Mientras hacía uso de todas las fuerzas que le quedaban para levantarse, su padre la alcanzó en el muslo, lo que hizo que la joven se desplomase en el suelo.
Rin se movía a rastras en busca de las escaleras, pero su padre la agarró del pelo y la estampó contra una mampara. El cristal se rompió a causa del impacto y Rin cayó al piso de abajo.
Escuchó pasos por encima de ella. A duras penas consiguió moverse hacia un mar de cristales rotos que le cortaban la carne, pero eso ya no importaba. Tenía que detenerlo. Tenía que pagar por lo que le había hecho a ella y a su madre.
Rin tosía sangre. El cristal le cortó la barbilla e hizo que se desangrara aún más. Comenzó a oír un latido grave. Parecía que su cuerpo pesaba tanto que era incapaz de moverse.
El suelo tembló con los pasos de su padre. Rin sabía que no sobreviviría, pero ya no le importaba. Se vengaría, en esta vida o en la próxima.
Una oscura Niebla comenzó a taparle la vista, pero eso no templó su ira. No descansaría, todavía no. La oscuridad le susurró y le prometió sangre y venganza.
Se había sellado un pacto y Rin cerró los ojos.