Orela Rose
Base Info
- ChapterCapítulo Steady Pulse
Perks
Feature
Orela Rose es una paramédica de semblante tranquilo que adora el terror.
Sus ventajas personales, No hagas daño, El deber de cuidar y Respuesta rápida le permiten curar a los sobrevivientes más rápido, otorgarles Celeridad a otros sobrevivientes y ver el aura del asesino al sufrir el efecto de estado Agotado.
Sus ventajas personales, No hagas daño, El deber de cuidar y Respuesta rápida le permiten curar a los sobrevivientes más rápido, otorgarles Celeridad a otros sobrevivientes y ver el aura del asesino al sufrir el efecto de estado Agotado.
Story
Orela Rose creció en Roger's Park, la zona norte de Chicago, a solo unas cuadras del lago Michigan. Su padre era bombero y su madre, enfermera. Siempre le resultó llamativo lo mucho que se sacrificaban para ayudar a otros, y fue entonces que supo que algún día ella haría lo mismo a su manera.
Orela se inscribió en la carrera de Hotelería en la Universidad Lakehead. En su primer año se hizo amiga de Emily, una chica que cursaba la clase de administración restaurantera en la que ella también estaba, quien la ayudó durante su transición. Emily era fanática de las películas de terror y escuchaba con frecuencia las grabaciones de un pódcast antiguo llamado "Las cosas retorcidas de la noche". Su anfitriona, Sable Ward, solía hablar de las historias de un escritor de terror llamado Cliff Barra. Muchas de éstas se convirtieron en películas en la década de 1950 y trascendieron en la historia como clásicos de culto. El director de arte de las películas, Alex Damaro, era un sobreviviente de los horrores de la guerra, lo que le confería un profundo sentido de aberración a sus macabras escenografías y trajes.
Orela y Emily estaban fascinadas con todo esto y querían saber más.
Pasaban el tiempo en el café Negro y cargado, una cafetería y librería temática que evocaba los relatos de misterio de 1950. Estaban tan obsesionadas con ese aire que hicieron planes para abrir, algún día, su propio restaurante temático. Crearían una experiencia gastronómica basada en las historias de terror, los personajes, las escenografías y los trajes de Barra y Damaro. Un lugar en donde la gente pudiera escapar de la rutina diaria para vivir al límite durante un par de horas. Estaban tan emocionadas con la idea que, para Halloween, armaron una casa de terror con la intención de poner a prueba el plan.
Ocuparon una habitación vacía de los dormitorios universitarios y ahí construyeron el Manicomio embrujado de la perdición. La noche de Halloween, decenas de estudiantes hicieron fila para experimentar el terror dentro de este psiquiátrico demente inspirado en una de las historias más reconocidas de Cliff Barra. Orela guiaba a grupos de universitarios risueños y gritones por celdas acolchadas y cámaras de tortura llenas de asesinos con hachas, zombis gimientes y fantasmas lastimeros.
En la sala de terapia de shock había una mesa improvisada para los electrochoques. Emily interpretaba el papel de una paciente que se retorcía de dolor, conectada y lista para su tratamiento. En la cabeza portaba un casco con electrodos que se encendían y sacaban chispas y humo cada que Orela le decía a uno de los estudiantes que activara el interruptor. Usaron la mesa de electrochoques un sinfín de veces y, en cada ocasión, Emily se sacudía y gritaba como un demonio, lo que desataba un coro de alaridos de fascinación.
Sin embargo, esta vez, uno de los cables desgastados hizo un cortocircuito y Emily, en vez de gritar, se puso tiesa, mientras que en su rostro se dibujaba la mueca de un grito silencioso. Hubo chispas y humo y el olor a carne quemada. Para cuando Orela tiró del interruptor, Emily seguía viva de milagro. Llamaron a una ambulancia y, mientras esperaban, a Emily le costaba cada vez más respirar. Orela se sentía impotente. Inútil. Un estorbo. Para cuando los técnicos en emergencias médicas por fin llegaron, Emily ya había muerto.
Al día siguiente, Orela abandonó la universidad y comenzó su entrenamiento como paramédica. Nunca más quería sentir esa impotencia. Sus padres se sorprendieron, pero la apoyaron y, un año después, Orela ya manejaba una ambulancia y se encontraba salvando vidas. Tenía un talento innato para tranquilizar a quienes más la necesitaban. Tanto amorosa como protectora, tenía facilidad para encargarse de la situación y calmar a las personas.
Aun así, jamás se olvidaba de Emily ni de su sueño de abrir un restaurante con temática de terror basado en las películas de Barra y Damaro. Sabía que con su trabajo como paramédica tardaría muchos años en ahorrar el dinero suficiente para ello. Pero entonces, un día, rescató a Jon Kingsly, un hombre con un capital valuado en miles de millones. Luego de recibir un llamado para ir a la zona de un terrible accidente automovilístico, Orela se dio cuenta de que él no estaba respirando. De inmediato le realizó RCP y reanimó su pulso con un desfibrilador portátil. Su médico le dijo que, de no haber sido por Orela, habría muerto. Agradecido con ella por haberle salvado la vida, le ofreció el financiamiento suficiente para cumplir su sueño y le regaló un antiguo edificio ubicado Blud Lane al 900, detrás del antiguo cementerio.
Con los recursos necesarios y la ubicación perfecta, Orela contrató a algunos amigos para que la ayudaran a diseñar una de las experiencias inmersivas más terroríficas nunca antes vistas. En un principio, Gritos en la oscuridad solo abría un fin de semana al mes. Cada apertura contaba con una ambientación, tema y menú únicos y renovados. En poco tiempo, los fanáticos del terror no hablaban de otra cosa que no fuera su restaurante. A las personas les encantaba la estética de la dupla Barra-Damaro y muchos querían que Orela abriera seis días a la semana. Pero el dinero no le interesaba a Orela. Ella estaba satisfecha con salvar vidas de lunes a viernes y crear una experiencia espeluznante una vez al mes.
En una ocasión, eligió una historia de Barra sobre una misteriosa niebla que llevaba a sus víctimas a otra dimensión para protagonizar la temática. Algunos pensaban que las palabras que componían la historia estaban malditas y que, de alguna manera, hacían que los lectores del relato desaparecieran. Se rio de esas supersticiones hasta que, esa misma noche, una niebla negra la rodeó por completo. Salió a prisa del restaurante, pero la niebla negra estaba en todas partes. Se paralizó y llamó a sus amigos. Nadie respondió. Fue entonces que oyó...
Unos gritos de alguien pidiendo ayuda.
La estaban llamando en medio de la oscuridad.
Orela conservó la calma. Nunca perdía la calma. Se tomó un momento para evaluar la situación y avanzó entre la niebla espesa hasta que por fin entendió de qué se trataba. Esos gritos eran suyos y parecían provenir de todos lados y de ninguno en específico, todo al mismo tiempo.
Por primera vez en años, Orela sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda al darse cuenta de que su sueño la había llevado de alguna manera a una pesadilla en la vida real. Una pesadilla que resonaba con la descrita en la historia maldita de Barra. Y conforme procesaba esta extraña observación, los gritos de angustia volvían a escucharse, cada vez más fuertes y desesperados. Solo que, esta vez, había muchas otras voces y una de ellas sonaba como la de...
Emily.
Sin pensarlo dos veces, Orela se despojó de sus supersticiones y puso manos a la obra para encontrar en ese abismo oscuro a los heridos y agonizantes para salvarlos antes de que fuera demasiado tarde.