Taurie Cain
Base Info
- ChapterCapítulo Doomed Course
Perks
Feature
Taurie Cain fue criada como parte de los Discípulos de la Garra Negra, condenada a ser un sacrificio.
Sus ventajas personales, Invocación: Cuervos traicioneros, Punto y aparte y Cargar a cuestas, le permiten revelar el aura del asesino, curar tras haber sufrido el efecto Desesperanza y quitarle un estado de gancho a un o una sobreviviente para añadirlo a su propio conteo.
Sus ventajas personales, Invocación: Cuervos traicioneros, Punto y aparte y Cargar a cuestas, le permiten revelar el aura del asesino, curar tras haber sufrido el efecto Desesperanza y quitarle un estado de gancho a un o una sobreviviente para añadirlo a su propio conteo.
Story
Taurie Cain nació y se crio en un suburbio en las afueras de Glasgow con su hermano mayor, Ewan. Aunque habían sido educados en el hogar (algo inusual para Escocia), parecían ser niños completamente normales.
A pesar de ello, la realidad era diametralmente opuesta.
Sus padres formaban parte de una sociedad secreta, y Taurie y Ewan fueron educados como acólitos de la misma secta clandestina:
Los Discípulos de la Garra Negra.
Esta logia misteriosa había existido por siglos. Adoraban a una antigua deidad de otra dimensión, la Garra Negra, y creían que de algún modo estaba ayudando a la humanidad a trascender su existencia mortal.
Vincent Cain era catedrático de arqueología. Rachel Cain, profesora de antropología. Las vacaciones familiares les permitieron viajar por todo el mundo. Pero en lugar de parques de diversiones, visitaban sitios históricos de civilizaciones antiguas. Como Göbekli Tepe, en Turquía, hogar de los megalitos más antiguos del mundo, en donde acólitos ancestrales extirpaban la carne de cabezas decapitadas y tallaban símbolos misteriosos en sus calaveras.
Lugares como este contenían áreas que se superponían con el reino de la Garra Negra. A estas superposiciones las conocían como "el Sangrado", y creían que discípulos superiores de mundos más avanzados poseían tecnología y conocimientos todavía por descubrir.
Pero el Sangrado albergaba muchos peligros, tanto físicos como psicológicos, y quienes se aventuraban en él debían usar trajes acorazados y con protección contra materiales peligrosos. Aunque, a decir verdad, nadie sabe qué tan efectivos son.
Los Discípulos de la Garra Negra construyeron un complejo subterráneo cerca de cada Sangrado descubierto por ellos, con habitaciones, depósitos y laboratorios. Cuando Vincent Cain ingresó al Sangrado en Göbekli Tepe, Taurie y Ewan todavía eran niños. Al ver que no regresaba, su esposa lo fue a buscar, solo para desaparecer también.
Desesperados por encontrar a sus padres, Taurie y Ewan se metieron en una cámara, pero pronto se dieron cuenta de que no tenían suficientes trajes de protección. Solo quedaba uno de los originales, una especie de traje de buceo antiguo con un tubo de aire, que no era de su talla. Pero se negó a abandonar a sus padres y decidió entrar en el Sangrado sin protección.
Ewan tenía demasiado miedo como para seguirla.
En el Sangrado, Taurie se encontró con la locura. Con la violencia. Y con el horror. Chillidos que helaban la sangre, rugidos feroces y algo que se deslizaba dentro y fuera de las sombras. Podía sentir los ojos de los depredadores que la acechaban en este lugar extraño y atemporal, en el que dos realidades se plegaban en una.
Casi incapaz de mantener el miedo bajo control, se encontró con los pedazos ensangrentados de un traje de protección. No había cuerpo, solo bolas de pelo, trozos de carne y vísceras humeantes.
A treinta metros de distancia de ahí, se encontró con su padre. Su traje estaba intacto, pero él había perdido la consciencia.
Lo arrastró con grandes esfuerzos, aun cuando los depredadores la acechaban desde las sombras. Cuando estos se acercaron cada vez más a ellos, apareció su hermano Ewan de repente, enfundado en aquel traje de protección grande y viejo. Ahuyentó a una bestia lejos de Taurie, lo que le dio tiempo para llevar a su padre hasta un lugar seguro.
Los gritos de su hermano todavía resonaban en sus oídos cuando emergió indemne y con la cordura intacta. Esto asombró a los Discípulos de la Garra Negra. Con el tiempo, su padre se recuperó de las heridas, pero jamás volvió a aventurarse en el Sangrado.
Taurie no sufrió consecuencias tras su paso por el Sangrado. Al menos no en el plano físico. Pero algo oscuro le había tocado el corazón, y tenía visiones recurrentes de discípulos abnegados que cazaban y sacrificaban víctimas para la Garra Negra. Ella creía que sus visiones eran presagios y estaba convencida de que algún día serviría de esa forma a la Garra Negra. Como discípula.
Los integrantes de la secta ascendían de rango de manera gradual. Los secretos se revelaban poco a poco a medida en que los acólitos ascendían de grado en la jerarquía.
Pero Taurie ascendió mucho más rápido que la mayoría, por lo que la enviaban seguido a realizar misiones por todo el mundo. Identificó y recuperó muchas antigüedades arcanas y otras rarezas, y, con cada nuevo hallazgo, desenterraba un poco más la historia de la Garra Negra.
Cada vez que se aventuraba en el Sangrado, sentía con mayor intensidad la fría oscuridad que anidaba dentro suyo. Le gustaba cómo la hacía sentir. Inmutable. Indestructible. Imparable. Como servidora confiable de la Garra Negra, ya no se sentía una presa. Se sentía una depredadora.
Taurie estaba determinada a buscar cualquier conocimiento que le ayudara a servir a la secta. Pero no todos creían en la trascendencia, y algunos incluso intentaban denunciar a los Discípulos de la Garra Negra como agentes del mal. Esos agoreros no comprendían los sacrificios que había que hacer si la humanidad esperaba ascender algún día a otro plano existencial.
Entre esos enemigos se encontraba una investigadora que tenía un pódcast y afirmaba que la secta era un instrumento maligno. Esa vlogger estaba decidida a desenmascararlos, pero desapareció mientras investigaba un búnker de la Segunda Guerra Mundial, en las alturas de los Alpes franceses. Su hermano Jordan culpó a los Discípulos de la Garra Negra de su desaparición y trabajó sin descanso para exhibirlos ante el mundo.
Cuando Taurie alcanzó las más altas jerarquías de los Discípulos de la Garra Negra, conoció sus secretos más oscuros. Uno de ellos era el ritual sagrado de tortura y sacrificio que realizaban antes de entrar al Sangrado para apaciguar a la Garra Negra.
Jordan descubrió que uno de esos rituales estaba por llevarse a cabo en la ceremonia inaugural de un nuevo centro de investigaciones cuánticas, y lo filmó en secreto. Luego, publicó el video borroso en Internet para mostrarle al mundo la maldad que habitaba en el corazón de la secta.
Pero los Discípulos de la Garra Negra tenían contactos en todos lados y utilizaron su poder para convencer a todos de que el video era falso, tan solo una broma entre investigadores y científicos.
Luego, enviaron a Taurie tras Jordan para terminar con su cruzada individual contra ellos. Le dijeron que, si cumplía con la misión, ascendería al último círculo de maestros y algún día se convertiría en una discípula pura del dominio de la Garra Negra.
Sin cuestionarlo y con una determinación fanática, logró localizar a Jordan y lo sedó con cloroformo. Cuando despertó, se encontró atado a una silla en un complejo subterráneo.
Taurie, ataviada con una túnica ceremonial y una máscara, se acercó al joven con una daga en la mano. Pero como nunca antes había matado a nadie...
Vaciló.
No sabía qué decir o hacer. Una sensación de adormecimiento comenzó a ascender por su cuello. Sentía un hormigueo en las orejas, la cara y los labios. Se quedó parada en el lugar mientras miraba perpleja a su víctima sacrificial y se preguntaba qué le estaba pasando. Matar a alguien parecía fácil en sus sueños. En sus visiones. Como espectadora. Al intentarlo, le temblaron las manos.
Y justo cuando los maestros estaban a punto de intervenir, respiró hondo y recordó que este sacrificio le abriría paso hacia el dominio de la Garra Negra, en donde ocuparía su merecido lugar entre los demás discípulos.
Con renovada convicción, Taurie levantó la daga ceremonial con ambas manos, y cuando estaba a punto de insertar la hoja resplandeciente en el pecho del impío, una fría niebla negra los rodeó. Todo se volvió negro. El tiempo pareció detenerse. Escuchó sonidos ahogados y sintió una presión en los oídos, como si estuvieran en el Sangrado.
Cuando la niebla terminó de disiparse, su víctima sacrificial ya no estaba, y ella se halló en una noche perpetua.
En el dominio de la Garra Negra.
No como discípula.
Sino como víctima sacrificial.