Thalita Lyra
Base Info
- ChapterCapítulo Tools of Torment
Perks
Feature
Thalita dominó el arte de competir con estilo, capaz de batirse en peleas de cometas con habilidad y floritura.
Sus habilidades personales (Suéltate, Competencia amistosa y Trabajo en equipo: el poder de dos) le permiten realizar una serie de saltos rápidos, inspirar reparación de generadores más rápidas en su equipo y ayudar a sus aliados a moverse más rápido después de haberlos curado.
Sus habilidades personales (Suéltate, Competencia amistosa y Trabajo en equipo: el poder de dos) le permiten realizar una serie de saltos rápidos, inspirar reparación de generadores más rápidas en su equipo y ayudar a sus aliados a moverse más rápido después de haberlos curado.
Story
Si de preguntar se trata, Thalita Lyra te respondería que lo que más quería en la vida era unir a las personas. Ya fuera su padre, quien vendía todas las entradas de los clubes nocturnos para el concierto de la última banda de forró con la que había firmado un contrato, o su madre, quien llevaba a turistas de todo el mundo a conocer y maravillarse con Botafogo, Lapa e Ipanema, a Thalita le encantaba ver cómo la gente se reunía para compartir sus pasiones y generar conexiones significativas.
Cuando era adolescente, Thalita encontró que su lugar en el mundo era dentro de la comunidad de pelea de cometas. Su tío Inácio les había enseñado tanto a Thalita como a su hermano menor, Renato, a arreglar sus disputas insignificantes armando cometas y lanzándolas a volar por el aire para que chocaran entre sí hasta que una de ellas cortara la cuerda de la otra y se declarara a una ganadora. Thalita y Renato pasaban los veranos en la tienda de cometas de playa de Inácio, en donde trabajaban por las mañanas y se batían a duelo de cometas por las tardes. Sus travesuras llamaron la atención de grandes y chicos por igual, y no pasó mucho tiempo para que Thalita comenzara a dar clases sobre pelea de cometas en la tienda. Ansiosa por poder establecer vínculos con más personas, Thalita filmaba las peleas y las subía a Internet. "Publicidad gratis", como le dijo a su tío.
Poco sabía Thalita que sus videos de pelea de cometas serían su boleto rumbo al estrellato. Los videos en donde aparecía ella compartiendo sus opiniones eran los que obtenían más vistas. Los espectadores comentaban sobre el conocimiento de Thalita respecto a las peleas de cometas y su encanto. Los videos incluso llamaron la atención de una agencia de modelaje. Antes de que se diera cuenta, Thalita ya agendaba sesiones fotográficas para anuncios impresos y para aparecer en comerciales. Le encantaba el trabajo y sabía que era cuestión de tiempo para empezar a dedicarse a la actuación. Entonces, sería famosa en serio, como las estrellas de las telenovelas que solía ver cuando era niña. Su comunidad se extendería por todo Brasil, e incluso más allá de sus fronteras.
Pero eso no sucedería.
Poco a poco, el modelaje alejó a Thalita de la tienda de cometas. Primero, tuvo que renunciar a las tardes de juego, para que los rasguños de sus manos sanaran. Luego, debía pasar sus días haciendo contactos, congraciándose con la gente y agendando con antelación sesiones de trabajo. Cuando Thalita se graduó de la preparatoria, su agente planeaba conseguirle aún más trabajo, lo que significaba menos horas en la tienda de cometas. Más vale que todo este arduo trabajo y dedicación valgan la pena, se dijo a sí misma.
Los años pasaron en un torbellino. Thalita estaba harta y agotada de las miradas incómodas y vistazos persistentes de los extraños. Al parecer, la fama no era tan glamorosa como pensó que sería. Las noches en vela de conversaciones con Renato la ayudaron a darse cuenta de lo que le hacía falta: conexiones. Conexiones genuinas con personas que pensaran como ella. Así era como sus padres atraían a las personas hacia ellos. Y las peleas de cometas eran la conexión de Thalita con otros.
En pocos meses, Thalita dejó de modelar, usó el dinero que ganó para abrir su propia tienda (con la bendición de Inácio, por supuesto), y le pidió a Renato que se convirtiera en su socio. Cometas Divertidas Rio se convirtió en la referencia número uno para adquirir materiales para las peleas de cometas, y la fama de Thalita ayudó a que más personas se interesaran por esta actividad.
Tuvo un gran comienzo, pero, como siempre, Thalita quería llegar todavía a más personas.
El primer torneo de Cometas Divertidas Rio fue un éxito y atrajo a cientos de participantes a las afueras de Rio para ver docenas y docenas de cometas danzar en el cielo. Entre socializar con amigos nuevos y viejos, ayudar en los puestos e incluso jugar una o dos partidas, Thalita dedicó unos momentos para estar a solas y llorar de felicidad.
Lo había logrado. Esta era exactamente la comunidad que había querido crear.
Cuando el sol se puso y el torneo llegó a su fin, el campo estaba repleto de basura. Thalita y Renato se quedaron a limpiar. La luna llena brillaba en lo alto del cielo cuando Renato observó algo, un extraño dron que volaba sobre el campo.
Aquella niña traviesa que había sido Thalita durante su niñez se manifestó. Era hora de un desafío, una carrera para derribar el dron. Renato no pudo rechazar la oferta.
Al final, la cometa de Thalita fue la que se enredó entre las aspas del rotor del dron. Vitoreó mientras Renato observaba cómo caía en la selva, dejando un rastro de humo a su paso.
Thalita no quería ir a buscar el dron caído. No tenía problema con dejar ir esa cometa. Pero Renato se dirigió hacia los árboles por su cuenta y Thalita se rehusó a dejar que su hermano caminara solo por la selva oscura.
En sus profundidades, Renato halló más que el dron. Thalita escuchó un grito y observó cómo un hombre ensangrentado emergía de la selva. Desesperado, tomó a su hermano para que lo ayudara, pero ya era demasiado tarde. Thalita casi gritó cuando el hombre fue partido en dos y una mujer dio un paso hacia adelante, ataviada con equipo de caza de tecnología de punta.
¿Por qué no se movía Renato?
Tomó a su hermano y corrió. Otro dron volaba sobre ellos, igual al que había derribado con su cometa. Los drones eran los ojos de la cazadora y ella le había sacado uno del cielo.
Renato estaba conmocionado y Thalita vio que tenía una cortada profunda en el brazo. ¿Cuándo sucedió? No importaba. Estaba sangrando y debían llegar a un lugar seguro. Fue entonces que se encontró con la fábrica. Un edificio de ladrillos decadente, dejado a la merced del paso del tiempo.
Thalita llevó a Renato hacia la fábrica y encontró un rincón donde esconderse. La cazadora los seguía, así que arrastró algunas vigas de madera a la entrada. La única salida estaba bloqueada. Thalita sabía que el tiempo se agotaba. Si la cazadora no los encontraba primero, el dron lo haría.
Thalita echó un vistazo desde su rincón. La fábrica se estaba transformando, sus muros oscuros y sucios se disolvían en un paisaje soleado y brillante.
Una playa.
Encontró su determinación. Una salida. Una oportunidad de sobrevivir. Lo único que tenía que hacer era correr.
Thalita rodeó a su hermano con el brazo y lo incorporó. Creyó escuchar a Renato diciéndole que se detuviera, pero ella lo ignoró. Esta era su oportunidad. Corrieron por la playa, dejando a la cazadora detrás, pateando arena tibia a cada paso.
Thalita nunca dejó de correr, ni siquiera cuando la arena se convirtió en una turbulenta niebla negra.
Cuando era adolescente, Thalita encontró que su lugar en el mundo era dentro de la comunidad de pelea de cometas. Su tío Inácio les había enseñado tanto a Thalita como a su hermano menor, Renato, a arreglar sus disputas insignificantes armando cometas y lanzándolas a volar por el aire para que chocaran entre sí hasta que una de ellas cortara la cuerda de la otra y se declarara a una ganadora. Thalita y Renato pasaban los veranos en la tienda de cometas de playa de Inácio, en donde trabajaban por las mañanas y se batían a duelo de cometas por las tardes. Sus travesuras llamaron la atención de grandes y chicos por igual, y no pasó mucho tiempo para que Thalita comenzara a dar clases sobre pelea de cometas en la tienda. Ansiosa por poder establecer vínculos con más personas, Thalita filmaba las peleas y las subía a Internet. "Publicidad gratis", como le dijo a su tío.
Poco sabía Thalita que sus videos de pelea de cometas serían su boleto rumbo al estrellato. Los videos en donde aparecía ella compartiendo sus opiniones eran los que obtenían más vistas. Los espectadores comentaban sobre el conocimiento de Thalita respecto a las peleas de cometas y su encanto. Los videos incluso llamaron la atención de una agencia de modelaje. Antes de que se diera cuenta, Thalita ya agendaba sesiones fotográficas para anuncios impresos y para aparecer en comerciales. Le encantaba el trabajo y sabía que era cuestión de tiempo para empezar a dedicarse a la actuación. Entonces, sería famosa en serio, como las estrellas de las telenovelas que solía ver cuando era niña. Su comunidad se extendería por todo Brasil, e incluso más allá de sus fronteras.
Pero eso no sucedería.
Poco a poco, el modelaje alejó a Thalita de la tienda de cometas. Primero, tuvo que renunciar a las tardes de juego, para que los rasguños de sus manos sanaran. Luego, debía pasar sus días haciendo contactos, congraciándose con la gente y agendando con antelación sesiones de trabajo. Cuando Thalita se graduó de la preparatoria, su agente planeaba conseguirle aún más trabajo, lo que significaba menos horas en la tienda de cometas. Más vale que todo este arduo trabajo y dedicación valgan la pena, se dijo a sí misma.
Los años pasaron en un torbellino. Thalita estaba harta y agotada de las miradas incómodas y vistazos persistentes de los extraños. Al parecer, la fama no era tan glamorosa como pensó que sería. Las noches en vela de conversaciones con Renato la ayudaron a darse cuenta de lo que le hacía falta: conexiones. Conexiones genuinas con personas que pensaran como ella. Así era como sus padres atraían a las personas hacia ellos. Y las peleas de cometas eran la conexión de Thalita con otros.
En pocos meses, Thalita dejó de modelar, usó el dinero que ganó para abrir su propia tienda (con la bendición de Inácio, por supuesto), y le pidió a Renato que se convirtiera en su socio. Cometas Divertidas Rio se convirtió en la referencia número uno para adquirir materiales para las peleas de cometas, y la fama de Thalita ayudó a que más personas se interesaran por esta actividad.
Tuvo un gran comienzo, pero, como siempre, Thalita quería llegar todavía a más personas.
El primer torneo de Cometas Divertidas Rio fue un éxito y atrajo a cientos de participantes a las afueras de Rio para ver docenas y docenas de cometas danzar en el cielo. Entre socializar con amigos nuevos y viejos, ayudar en los puestos e incluso jugar una o dos partidas, Thalita dedicó unos momentos para estar a solas y llorar de felicidad.
Lo había logrado. Esta era exactamente la comunidad que había querido crear.
Cuando el sol se puso y el torneo llegó a su fin, el campo estaba repleto de basura. Thalita y Renato se quedaron a limpiar. La luna llena brillaba en lo alto del cielo cuando Renato observó algo, un extraño dron que volaba sobre el campo.
Aquella niña traviesa que había sido Thalita durante su niñez se manifestó. Era hora de un desafío, una carrera para derribar el dron. Renato no pudo rechazar la oferta.
Al final, la cometa de Thalita fue la que se enredó entre las aspas del rotor del dron. Vitoreó mientras Renato observaba cómo caía en la selva, dejando un rastro de humo a su paso.
Thalita no quería ir a buscar el dron caído. No tenía problema con dejar ir esa cometa. Pero Renato se dirigió hacia los árboles por su cuenta y Thalita se rehusó a dejar que su hermano caminara solo por la selva oscura.
En sus profundidades, Renato halló más que el dron. Thalita escuchó un grito y observó cómo un hombre ensangrentado emergía de la selva. Desesperado, tomó a su hermano para que lo ayudara, pero ya era demasiado tarde. Thalita casi gritó cuando el hombre fue partido en dos y una mujer dio un paso hacia adelante, ataviada con equipo de caza de tecnología de punta.
¿Por qué no se movía Renato?
Tomó a su hermano y corrió. Otro dron volaba sobre ellos, igual al que había derribado con su cometa. Los drones eran los ojos de la cazadora y ella le había sacado uno del cielo.
Renato estaba conmocionado y Thalita vio que tenía una cortada profunda en el brazo. ¿Cuándo sucedió? No importaba. Estaba sangrando y debían llegar a un lugar seguro. Fue entonces que se encontró con la fábrica. Un edificio de ladrillos decadente, dejado a la merced del paso del tiempo.
Thalita llevó a Renato hacia la fábrica y encontró un rincón donde esconderse. La cazadora los seguía, así que arrastró algunas vigas de madera a la entrada. La única salida estaba bloqueada. Thalita sabía que el tiempo se agotaba. Si la cazadora no los encontraba primero, el dron lo haría.
Thalita echó un vistazo desde su rincón. La fábrica se estaba transformando, sus muros oscuros y sucios se disolvían en un paisaje soleado y brillante.
Una playa.
Encontró su determinación. Una salida. Una oportunidad de sobrevivir. Lo único que tenía que hacer era correr.
Thalita rodeó a su hermano con el brazo y lo incorporó. Creyó escuchar a Renato diciéndole que se detuviera, pero ella lo ignoró. Esta era su oportunidad. Corrieron por la playa, dejando a la cazadora detrás, pateando arena tibia a cada paso.
Thalita nunca dejó de correr, ni siquiera cuando la arena se convirtió en una turbulenta niebla negra.