Vee Boonyasak
Base Info
- ChapterCapítulo Sinister Grace
Perks
Feature
Vee Boonyasak es una baterista enérgica cuya naturaleza aventurera la llevó a dar un concierto final.
Sus ventajas personales, Vida itinerante, ¡UNO, DOS, TRES, CUATRO! y Notas fantasma le permiten compensar el trabajo de reparación con una curación más rápida, fortalecer la habilidad de reparación y curación de sus aliados, y recuperarse más rápido del efecto de estado Agotado.
Sus ventajas personales, Vida itinerante, ¡UNO, DOS, TRES, CUATRO! y Notas fantasma le permiten compensar el trabajo de reparación con una curación más rápida, fortalecer la habilidad de reparación y curación de sus aliados, y recuperarse más rápido del efecto de estado Agotado.
Story
A la energética Vee Boonyasak siempre le gustó explorar y meterse en problemas, pero sobre todas las cosas, amaba tocar la batería. Empezó a aprender a tocar de forma autodidacta a muy temprana edad. Experimentó con instrumentos tradicionales y estilos variados, pero el rock moderno la cautivó por completo. Cuando cumplió 18 años, podía tocar prácticamente cualquier canción que sonara en la radio tras oírla una sola vez.
Cuando era una adulta joven, asistió a un concierto local donde tocaba Tik and The Kicks. Se enamoró al instante del sonido desfachatado de la banda. La voz de Tik transmitía una urgencia cavernosa, y el sonido de la guitarra de Krit inundaba la sala por completo. El único problema que tenían era su vieja y cansada caja de ritmos, la cual tardaba años en restablecerse entre canciones. No obstante, Vee no lograba dejar de pensar en su música. Como no tenían discos ni mercancía, la única manera en la que podía oírlos era en vivo, por lo que los siguió de un concierto a otro, memorizando los temas programados en la caja rítmica.
Finalmente, la banda tuvo su gran oportunidad como teloneros de un grupo de leyendas locales. Durante la prueba de sonido, sudaron la gota gorda en aquel recinto inmenso y sin climatización, hasta que ocurrió una tragedia: la caja rítmica se descompuso hasta quemarse, convirtiéndose en un fantasma. Ya estaban volviendo a cargar todo su equipo en la camioneta cuando Vee se ofreció a tocar con ellos, indicándoles que la batería del acto principal ya estaba calibrada. Sin tener nada que perder, la dejaron tocar y la multitud enloqueció por completo. Hasta Tik y Krit rejuvenecieron gracias a su estilo estridente y descarado, así como a su energía desatada. Al día siguiente, se convirtió en integrante permanente de la banda.
Luego de tocar juntos por varias semanas, decidieron que era hora de tener un nombre nuevo. Vee sugirió que se preservara algo del nombre viejo: Axekick. Dieron su primer concierto con el nombre nuevo frente a una audiencia modesta pero entusiasta que había ido a verlos exclusivamente a ellos. Vee le pidió a su amiga Mos que grabara el concierto para subirlo a Internet. Al poco tiempo, comenzaron a recibir mensajes de todo el mundo. Vee dedicó todo su tiempo libre a hacer camisetas y parches. Axekick lanzó un EP en línea. En un santiamén, los tres comenzaron a ganarse la vida de forma modesta con la banda.
Cuando Tik les mostró a los otros un video de un fenómeno extraño en un teatro de ópera del otro lado de la ciudad, el instinto aventurero de Vee se activó. Dijo que tenían que tocar ahí. Tik y Krit lo aceptaron de inmediato: un espectáculo contundente en un recinto inmenso y abandonado con potencial de convertirse en el concierto del siglo.
La noche antes de su actuación, fueron a visitar el recinto. Todo estaba cubierto de polvo y suciedad. Los pisos rechinaban a cada paso. Era perfecto. Al fondo, encontraron un vestidor lleno de antiguos atuendos de ópera mohosos y cassettes rotos. Para hacer tiempo, tomaron unas cuantas prendas de los vestuarios y pusieron uno de los cassettes. Lo que oyeron los paralizó de golpe: eran sonidos fantasmagóricos, de otro mundo. Voces que parecían bailar por la habitación. Afectados, detuvieron la cinta de inmediato y se encaminaron a la salida.
Al día siguiente, el teatro estaba a reventar. Axekick sonó mejor que nunca. La muchedumbre estaba enloquecida. El sudor se agolpaba en la sien de Vee mientras tocaba cada vez más rápido y con más fuerza en medio de aquel calor sofocante. Por sobre los gritos de la gente, pudo oír algo más: las voces del cassette.
Cerró los ojos para ignorarla, concentrándose en el ritmo. El sonido de la multitud comenzó a desvanecerse mientras ella se dejaba ir en el bis. Cuando la canción terminó, abrió los ojos. Apenas podía ver. Se frotó los ojos, pensando que era culpa del sudor, pero se trataba de algo más: una niebla negra y espesa.
La multitud se había ido. Tik y Krit tampoco estaban ahí. Lo único que escuchaba era el eco de su batería a la distancia. Se paró del banco y deambuló por la pesada oscuridad en busca de sus amigos.
Cuando era una adulta joven, asistió a un concierto local donde tocaba Tik and The Kicks. Se enamoró al instante del sonido desfachatado de la banda. La voz de Tik transmitía una urgencia cavernosa, y el sonido de la guitarra de Krit inundaba la sala por completo. El único problema que tenían era su vieja y cansada caja de ritmos, la cual tardaba años en restablecerse entre canciones. No obstante, Vee no lograba dejar de pensar en su música. Como no tenían discos ni mercancía, la única manera en la que podía oírlos era en vivo, por lo que los siguió de un concierto a otro, memorizando los temas programados en la caja rítmica.
Finalmente, la banda tuvo su gran oportunidad como teloneros de un grupo de leyendas locales. Durante la prueba de sonido, sudaron la gota gorda en aquel recinto inmenso y sin climatización, hasta que ocurrió una tragedia: la caja rítmica se descompuso hasta quemarse, convirtiéndose en un fantasma. Ya estaban volviendo a cargar todo su equipo en la camioneta cuando Vee se ofreció a tocar con ellos, indicándoles que la batería del acto principal ya estaba calibrada. Sin tener nada que perder, la dejaron tocar y la multitud enloqueció por completo. Hasta Tik y Krit rejuvenecieron gracias a su estilo estridente y descarado, así como a su energía desatada. Al día siguiente, se convirtió en integrante permanente de la banda.
Luego de tocar juntos por varias semanas, decidieron que era hora de tener un nombre nuevo. Vee sugirió que se preservara algo del nombre viejo: Axekick. Dieron su primer concierto con el nombre nuevo frente a una audiencia modesta pero entusiasta que había ido a verlos exclusivamente a ellos. Vee le pidió a su amiga Mos que grabara el concierto para subirlo a Internet. Al poco tiempo, comenzaron a recibir mensajes de todo el mundo. Vee dedicó todo su tiempo libre a hacer camisetas y parches. Axekick lanzó un EP en línea. En un santiamén, los tres comenzaron a ganarse la vida de forma modesta con la banda.
Cuando Tik les mostró a los otros un video de un fenómeno extraño en un teatro de ópera del otro lado de la ciudad, el instinto aventurero de Vee se activó. Dijo que tenían que tocar ahí. Tik y Krit lo aceptaron de inmediato: un espectáculo contundente en un recinto inmenso y abandonado con potencial de convertirse en el concierto del siglo.
La noche antes de su actuación, fueron a visitar el recinto. Todo estaba cubierto de polvo y suciedad. Los pisos rechinaban a cada paso. Era perfecto. Al fondo, encontraron un vestidor lleno de antiguos atuendos de ópera mohosos y cassettes rotos. Para hacer tiempo, tomaron unas cuantas prendas de los vestuarios y pusieron uno de los cassettes. Lo que oyeron los paralizó de golpe: eran sonidos fantasmagóricos, de otro mundo. Voces que parecían bailar por la habitación. Afectados, detuvieron la cinta de inmediato y se encaminaron a la salida.
Al día siguiente, el teatro estaba a reventar. Axekick sonó mejor que nunca. La muchedumbre estaba enloquecida. El sudor se agolpaba en la sien de Vee mientras tocaba cada vez más rápido y con más fuerza en medio de aquel calor sofocante. Por sobre los gritos de la gente, pudo oír algo más: las voces del cassette.
Cerró los ojos para ignorarla, concentrándose en el ritmo. El sonido de la multitud comenzó a desvanecerse mientras ella se dejaba ir en el bis. Cuando la canción terminó, abrió los ojos. Apenas podía ver. Se frotó los ojos, pensando que era culpa del sudor, pero se trataba de algo más: una niebla negra y espesa.
La multitud se había ido. Tik y Krit tampoco estaban ahí. Lo único que escuchaba era el eco de su batería a la distancia. Se paró del banco y deambuló por la pesada oscuridad en busca de sus amigos.