Yoichi Asakawa
Base Info
- ChapterCapítulo Sadako Rising
Perks
Feature
Yoichi es un brillante biólogo marino y un psíquico cuyos conocimientos y habilidades le permiten protegerse a sí mismo y asistir a los demás.
Sus ventajas personales, Consejos de papá, Conexión empática y Bendición: Teoría oscura le permiten ocultarse de los asesinos, llamar a los sobrevivientes heridos y ayudar a otros a moverse más rápido.
Sus ventajas personales, Consejos de papá, Conexión empática y Bendición: Teoría oscura le permiten ocultarse de los asesinos, llamar a los sobrevivientes heridos y ayudar a otros a moverse más rápido.
Story
De niño, Yoichi se interesó por lo sobrenatural gracias a su padre y a su madre, luego de que una maldición inexplicable se cobrara la vida de ambos. De grande, Yoichi se graduó en biología marina con los más altos honores de la universidad de Tokio y, siguiendo los pasos de su padre, se convirtió en el profesor más joven de la historia de la universidad. Pero su carrera comenzó a deshacerse cuando dos de sus alumnos desaparecieron mientras llevaban a cabo una investigación en Izu Oshima. La simple mención de Izu Oshima desencadenó dolorosos recuerdos del pasado. Recuerdos profundos y ocultos emergieron de las oscuras y negras profundidades de su subconsciente. Imágenes de rostros borrosos, bocas torcidas y muertes inexplicables de repente llenaban su mente. Los gritos de la gente llamándolo un monstruo. Y entonces… el monstruo… Sadako surgió del abismo para hacerle saber que la maldición no había terminado. Jamás se terminaría.
Con un grito, Yoichi cerró los ojos y lentamente liberó su miedo. Cuando abrió los ojos de nuevo, Sadako ya no estaba, pero algo había regresado. Algo siniestro y de otro mundo. Podía sentir una inquietante presencia cerca suyo, respirando profundamente como el mar agitado. ¿Acaso Sadako lo estaba atormentando? ¿Intentaba algún espíritu advertirle sobre algo? ¿O era otra cosa? Algo que consumía a la gente. Algo que hacía desaparecer a la gente. Yoichi no estaba seguro. Había pasado su vida entera intentando entender sus habilidades psíquicas y lo sobrenatural. Su instinto le decía que las respuestas de alguna forma estaban en el agua. Después de todo, había dedicado su vida a estudiar la vida inteligente y los reinos inexplorados del océano. Tal vez tenía que reajustar su definición de inteligente. O su definición de vida.
Sediento de verdad, Yoichi comenzó a investigar frenéticamente los márgenes de la parapsicología, la criptozoología, la teología y la historia popular. Mientras más ampliaba su campo de especialización, más lo ridiculizaban y excluían. Yoichi, antes visto como una joven mente brillante, ahora era considerado un excéntrico y una carga. En unos pocos meses, la universidad le revocó su puesto. Sin dejarse intimidar, Yoichi buscó cátedras en otras universidades, pero ninguna universidad de renombre en Japón lo aceptó. Como último recurso, se dirigió a los medios de comunicación, y por un giro del destino, la empresa en la que su madre había trabajado como periodista le ofreció financiar su investigación a cambio de artículos y de los primeros derechos de publicación de su historia.
En estos tiempos difíciles, el padre de Yoichi regresó a él, y su espíritu lo impulsó silenciosamente a continuar el camino que había elegido. Y así, trabajando a toda hora en su pequeñísimo departamento en Tokio, se alió con otros investigadores del campo paranormal. Al cabo de unos meses, se cruzó con una historia similar a la desaparición de sus alumnos: cuatro vloggers habían desaparecido misteriosamente cerca de un faro en Escocia. Con mucha urgencia, Yoichi tomó el primer vuelo que pudo a Glasgow. Un profesor de una universidad local había llegado a varias de sus conclusiones casi setenta años atrás cuando un equipo de rodaje desapareció cerca del mismo faro. Había una especie de inteligencia en el agua; algún tipo de oscuridad que emitía un llamado desde el mar al igual que una antigua sirena. Mientras Yoichi examinaba la investigación, su padre apareció de repente para hacerle saber que iba por el camino correcto.
Yoichi, guiado por su padre, alquiló un barco de pesca y se dirigió a un pequeño grupo de islas conocido como los Siete Cazadores. La oscuridad cayó mientras se acercaban a las islas. El faro, ahora automatizado y controlado de forma remota, chisporroteó y se apagó como una estrella moribunda. El océano comenzó a agitarse violentamente, comenzaron a verse relámpagos, y el pescador le rogó a Yoichi que regresen, pero Yoichi se negó. Estaba demasiado cerca y no se dejaría disuadir. Mientras discutían, el océano furioso agitaba el barco de arriba a abajo. Luego, una ola gigante levantó el barco tan alto como una casa y lo hizo pedazos contra unas rocas oscuras y escarpadas.
Yoichi no recordaba mucho después de eso. Recordaba haber caído al agua. Recordaba haber nadado hasta el desembarcadero, donde vio a su padre de pie en la galería del faro haciéndole señas. Recordaba haberse tambaleado entre la espesa niebla negra mientras subía las escaleras. Recordaba cómo el nivel del agua había subido con cada paso hasta que la boca espumosa del furioso océano se lo tragó por completo.
Con un grito, Yoichi cerró los ojos y lentamente liberó su miedo. Cuando abrió los ojos de nuevo, Sadako ya no estaba, pero algo había regresado. Algo siniestro y de otro mundo. Podía sentir una inquietante presencia cerca suyo, respirando profundamente como el mar agitado. ¿Acaso Sadako lo estaba atormentando? ¿Intentaba algún espíritu advertirle sobre algo? ¿O era otra cosa? Algo que consumía a la gente. Algo que hacía desaparecer a la gente. Yoichi no estaba seguro. Había pasado su vida entera intentando entender sus habilidades psíquicas y lo sobrenatural. Su instinto le decía que las respuestas de alguna forma estaban en el agua. Después de todo, había dedicado su vida a estudiar la vida inteligente y los reinos inexplorados del océano. Tal vez tenía que reajustar su definición de inteligente. O su definición de vida.
Sediento de verdad, Yoichi comenzó a investigar frenéticamente los márgenes de la parapsicología, la criptozoología, la teología y la historia popular. Mientras más ampliaba su campo de especialización, más lo ridiculizaban y excluían. Yoichi, antes visto como una joven mente brillante, ahora era considerado un excéntrico y una carga. En unos pocos meses, la universidad le revocó su puesto. Sin dejarse intimidar, Yoichi buscó cátedras en otras universidades, pero ninguna universidad de renombre en Japón lo aceptó. Como último recurso, se dirigió a los medios de comunicación, y por un giro del destino, la empresa en la que su madre había trabajado como periodista le ofreció financiar su investigación a cambio de artículos y de los primeros derechos de publicación de su historia.
En estos tiempos difíciles, el padre de Yoichi regresó a él, y su espíritu lo impulsó silenciosamente a continuar el camino que había elegido. Y así, trabajando a toda hora en su pequeñísimo departamento en Tokio, se alió con otros investigadores del campo paranormal. Al cabo de unos meses, se cruzó con una historia similar a la desaparición de sus alumnos: cuatro vloggers habían desaparecido misteriosamente cerca de un faro en Escocia. Con mucha urgencia, Yoichi tomó el primer vuelo que pudo a Glasgow. Un profesor de una universidad local había llegado a varias de sus conclusiones casi setenta años atrás cuando un equipo de rodaje desapareció cerca del mismo faro. Había una especie de inteligencia en el agua; algún tipo de oscuridad que emitía un llamado desde el mar al igual que una antigua sirena. Mientras Yoichi examinaba la investigación, su padre apareció de repente para hacerle saber que iba por el camino correcto.
Yoichi, guiado por su padre, alquiló un barco de pesca y se dirigió a un pequeño grupo de islas conocido como los Siete Cazadores. La oscuridad cayó mientras se acercaban a las islas. El faro, ahora automatizado y controlado de forma remota, chisporroteó y se apagó como una estrella moribunda. El océano comenzó a agitarse violentamente, comenzaron a verse relámpagos, y el pescador le rogó a Yoichi que regresen, pero Yoichi se negó. Estaba demasiado cerca y no se dejaría disuadir. Mientras discutían, el océano furioso agitaba el barco de arriba a abajo. Luego, una ola gigante levantó el barco tan alto como una casa y lo hizo pedazos contra unas rocas oscuras y escarpadas.
Yoichi no recordaba mucho después de eso. Recordaba haber caído al agua. Recordaba haber nadado hasta el desembarcadero, donde vio a su padre de pie en la galería del faro haciéndole señas. Recordaba haberse tambaleado entre la espesa niebla negra mientras subía las escaleras. Recordaba cómo el nivel del agua había subido con cada paso hasta que la boca espumosa del furioso océano se lo tragó por completo.