La Adiestradora Canina
Base Info
- ChapterCapítulo de Doomed Course
- Difficulty
- Speed115%4.6 m/s
Perks
Feature
La Adiestradora Canina tiene una presencia imponente y aterradora, igual que el perro que la acompaña.
Sus habilidades personales, Trueno ensordecedor, Gancho flagelante: Brújula serrada y Sin cuartel, la ayudan a aumentar su distancia de embestida, crear ganchos flagelantes y atormentar a los supervivientes con pruebas de habilidad de curación.
Sus habilidades personales, Trueno ensordecedor, Gancho flagelante: Brújula serrada y Sin cuartel, la ayudan a aumentar su distancia de embestida, crear ganchos flagelantes y atormentar a los supervivientes con pruebas de habilidad de curación.
Skill
Rastro de sangre
La Adiestradora Canina y su perro actúan como una sola entidad. Él obedece sus órdenes automáticamente, sin cuestionarlas.
HABILIDAD ESPECIAL: PERSECUCIÓN
La orden de persecución hace que el perro salga corriendo a gran velocidad. Si vuelves a pulsar el botón de poder, la persecución se redirigirá y el perro seguirá una nueva ruta. Cuando el perro atrape a un superviviente, se iniciará la acción de agarre. El superviviente sufrirá Entorpecimiento y será arrastrado hacia la Adiestradora Canina. El superviviente se puede liberar aturdiendo al perro o si lo rescata otro superviviente. Los agarres que no acaben hiriendo al superviviente harán que este sufra Entorpecimiento. La duración del agarre se reducirá en supervivientes con el efecto de estado Resistencia.
HABILIDAD ESPECIAL: BÚSQUEDA
La orden de búsqueda envía al perro a la ubicación indicada, lo que crea una ruta de búsqueda. Tiene su propio radio de ladridos y, mientras corre, su radio de olfato de sabueso aumenta según la distancia recorrida. Los supervivientes que entren en el radio se verán afectados por el olfato de sabueso y su posición se revelará con Instinto asesino. Si la Adiestradora Canina sigue la ruta de búsqueda del perro, obtendrá un aumento de velocidad de movimiento con el tiempo. Salir de la ruta de búsqueda finaliza la bonificación a la velocidad de movimiento.
EFECTO ESPECIAL: OLFATO DE SABUESO
Los supervivientes ilesos afectados por el olfato de sabueso sufren Herida profunda al ser heridos. Los supervivientes heridos afectados por el olfato de sabueso producen gruñidos de dolor más ruidosos y charcos de sangre más duraderos al pasar al estado agonizante.
HABILIDAD ESPECIAL: PERSECUCIÓN
La orden de persecución hace que el perro salga corriendo a gran velocidad. Si vuelves a pulsar el botón de poder, la persecución se redirigirá y el perro seguirá una nueva ruta. Cuando el perro atrape a un superviviente, se iniciará la acción de agarre. El superviviente sufrirá Entorpecimiento y será arrastrado hacia la Adiestradora Canina. El superviviente se puede liberar aturdiendo al perro o si lo rescata otro superviviente. Los agarres que no acaben hiriendo al superviviente harán que este sufra Entorpecimiento. La duración del agarre se reducirá en supervivientes con el efecto de estado Resistencia.
HABILIDAD ESPECIAL: BÚSQUEDA
La orden de búsqueda envía al perro a la ubicación indicada, lo que crea una ruta de búsqueda. Tiene su propio radio de ladridos y, mientras corre, su radio de olfato de sabueso aumenta según la distancia recorrida. Los supervivientes que entren en el radio se verán afectados por el olfato de sabueso y su posición se revelará con Instinto asesino. Si la Adiestradora Canina sigue la ruta de búsqueda del perro, obtendrá un aumento de velocidad de movimiento con el tiempo. Salir de la ruta de búsqueda finaliza la bonificación a la velocidad de movimiento.
EFECTO ESPECIAL: OLFATO DE SABUESO
Los supervivientes ilesos afectados por el olfato de sabueso sufren Herida profunda al ser heridos. Los supervivientes heridos afectados por el olfato de sabueso producen gruñidos de dolor más ruidosos y charcos de sangre más duraderos al pasar al estado agonizante.
Story
El padre de Portia Maye había ayudado a fundar una próspera colonia de marineros y comerciantes en una isla inexplorada del Caribe. Bautizaron aquella ciudad portuaria como "Fortuna" y crearon una extensa red comercial, lo que permitió a Portia conocer culturas e información de varios rincones del mundo. Como marinero y amante de las historias que era, el padre de Portia le leía "Las mil y una noches", además de obras de Shakespeare y mitología griega. También le enseñaba a navegar y a interpretar las estrellas. Sin duda, le había inculcado a su hija la pasión por las aventuras, para que siempre quisiera viajar con él.
En una ocasión, acompañó a su padre a un viaje a Italia, donde intercambió azúcar y plata por sedas y especias muy inusuales. También adquirieron una camada de cachorros de mastines. La idea de su padre era adiestrarlos como perros cazadores para los juegos de caza anuales de Fortuna. A su hija, le dijo que podría quedarse al perrito más fuerte de la camada, como regalo por haber cumplido doce años. Portia llamó a los cachorros "César", "Rey", "Shah", "Atenea" y, al más pequeñito de todos, lo llamó "Mimos". Sin embargo, antes de que pudiera comenzar a adiestrarlos, una horrible tormenta hizo que su barco, el Ensueño Nocturno, se desviase de su rumbo y terminase en una zona controlada por filibusteros.
Desesperado, su padre intentó virar el barco para llegar a un lugar seguro, pero el temible Molak, el Demente, les atacó con sus barcos y no tardó en arrebatarles el Ensueño Nocturno. Quienes sobrevivieron al ataque inicial se vieron obligados a luchar hasta la muerte en peleas para que Molak y su tripulación hicieran apuestas. El pirata les prometió que el último que quedase en pie sería libre.
Cuando el padre de Portia se negó a participar, el hombre más salvaje de Molak, su hijo Tariq, estuvo torturándolo durante horas...
... hasta que le rajó la garganta.
Molak y Tariq, que habían dejado con vida a Portia para sortear las defensas exteriores de Fortuna, regresaron a su balandra. Ahora, el Ensueño Nocturno era una tripulación de cadáveres. Portia les guio hasta Fortuna y, una vez allí, Molak y sus hombres atacaron, saquearon y calcinaron la ciudad.
Aprovechando su conocimiento en navegación astronómica, Portia les desvió hasta una zona que muchos consideraban maldita: el Colmillo de Dragón. La gente creía que el lugar estaba conectado con un dominio oscuro habitado por un mal inefable, donde los monstruos campaban a sus anchas. Portia confiaba en llevar a Molak a una muerte segura, sin importarle que pudiera morir con él.
Cuando se acercó al Colmillo de Dragón, unas nubes negras empezaron a acumularse y una fría niebla negra los envolvió. Comenzó a llover y un intenso viento rugió encima del barco, creando montañas negras que destrozaron el mástil.
De repente, Molak y su barco se alejaron de la tormenta y abandonaron a Portia a su suerte, pero la joven se negó a rendirse, mientras el Ensueño Nocturno atravesaba la espesa niebla y los relámpagos. El corazón le latía con fuerza conforme la nave se resquebrajaba, volcándose poco a poco. Lo último que vio antes de que el océano la engullese fue la silueta de un tentáculo gigante desplomándose sobre ellos.
Portia abrió los ojos lentamente, y vio a Mimos, mirándola. Empezó a lamer el rostro de la joven y le ladraba para que se levantase. Portia parpadeó para quitarse el agua salada de los ojos, tratando de ignorar el dolor y los moratones en su cuerpo, pero cayó desplomada sobre la extraña arena púrpura. Nunca había visto nada igual.
Poco a poco, se recompuso, se levantó y miró al perrito. Mimos ladró dos veces y empezó a olisquear el suelo, guiándola hasta unos cocos y algas de color morado. Portia secó las algas, partió los cocos y comió sobre las rocas, escuchando en silencio a criaturas desconocidas para ella. De repente, se dio cuenta de algo:
Habían naufragado en una isla del Colmillo de Dragón.
Se encontraban en un mundo extraño entre dimensiones... Era un mundo que su padre le había descrito como una pesadilla viviente que torturaba las mentes y manipulaba los corazones. Mientras escuchaba aquellos extraños y nuevos sonidos, de repente, vio a Molak por todas partes.
Por instinto, Portia cerró los ojos y chilló. Solo dejó de hacerlo cuando Mimos saltó a su regazo, devolviéndola al momento con sus ladridos.
Con el paso de los años, Portia sobrevivió gracias a lo que el mar arrastraba hasta la orilla y enfrentándose a los depredadores que acechaban por la isla: animales feroces y rabiosos, además de abominaciones salvajes que no eran de este mundo. Mimos ya pesaba más de cuarenta kilos, y seguía a Portia a todas partes. Juntos formaban un dúo imponente, y la mayoría de los supervivientes de la isla no se acercaban a ellos. Los pocos que lo hacían, vivían para lamentarlo..., si es que sobrevivían. Justo cuando había renunciado a la idea de escapar de aquel lugar, vio algo imposible mientras peinaba la isla buscando a Mimos. Incrédula, vio...
... al Ensueño Nocturno yendo a la deriva en medio de una niebla negra y gélida.
Sabía bien que no debía dudar ni cuestionar nada de lo que viera en esta isla. Entró en el agua con un silbido, pero un grupo de náufragos la atacó súbitamente. En su cabeza, había asesinado a Molak cincuenta veces y solo les perdonaba la vida a los que necesitaba para la tripulación de su propio barco. Juntos, se pasaron los días buscando a Mimos, pero no había ni rastro de él. Había...
... desaparecido.
Sentía como si el perrito nunca hubiera estado allí, como si hubiera sido producto de su imaginación.
Portia se pasó décadas aterrorizando todo el Caribe en busca de Molak. Solo atacaba a los filibusteros; les robaba su oro y los torturaba con sadismo para saciar una oscuridad intangible en su interior. Esa oscuridad era como un parásito que le exigía sangre hasta que se sintiera satisfecho.
Cuando Portia no lograba saciar el hambre del parásito, este le estrujaba la mente con sus despiadadas garras, aplastando la realidad y su juicio, hasta que veía el rostro de Molak en todos los miembros de su tripulación. Atacaba y masacraba a todo el mundo, sin distinción, hasta que uno de sus leales perros guardianes ladraba para que parase. En ese momento,
Molak se pulverizaba y desaparecía en la niebla negra.
La tripulación, aterrorizada, sabía que, tarde o temprano, serían víctimas de la locura de la capitana. Por eso, incluso cuando ya habían encontrado a Molak, decidieron organizar un motín.
Pero habían subestimado a su capitana...
Cuando Portia acabó con ellos, solo quedaban cinco personas sobre un charco de sangre y vísceras. Le rogaron clemencia de inmediato, mientras los perros que la rodeaban esperaban a recibir la orden de matar, pero esa orden nunca llegó.
Si quería destruir a Molak, iba a necesitar más manos que las suyas propias. Se recompuso y ordenó a los amotinados que limpiasen la cubierta y diesen de comer a los perros, mientras dirigía el Ensueño Nocturno hacia la isla de Molak, el Demente.
Molak también estaba en alta mar, pero la tripulación de Portia había capturado a Tariq y lo habían encerrado, preparándose para el retorno de su padre.
Cuando Molak regresó, descubrió que la isla estaba completamente desierta, excepto por una mujer que ofrecía cofres repletos de oro y joyas. Decía que quería unirse a la tripulación de Molak y que había preparado un banquete fastuoso para sus hombres y para él. Molak no la reconoció, aceptó el tesoro y le preguntó si sabía dónde estaba Tariq. La mujer sonrió y le aseguró que su hijo asistiría a la cena.
Portia sirvió a Molak un plato elaborado, y el pirata comió y bebió cuanto quiso. La carne asada estaba especialmente sabrosa: crujiente y bien cocinada por fuera, y rosada y jugosa por dentro. Quería saber si era carne de jabalí o de venado.
Portia sonrió, levantándose ufana. Se acercó a la mesa y levantó una tapa dorada que mostraba la cabeza decapitada de Tariq. Su rostro había quedado congelado en una mueca de espanto y, de su boca, brotaban lingotes de oro y joyas.
Molak rugió como un buey herido, y la mujer disfrutó del tormento del pirata mientras una espesa niebla negra brotó del suelo como si fuera un velo negro. Pero antes de que pudiera dar muerte a Molak, algo imperceptible lo engulló hacia la oscuridad.
Las carcajadas de Portia cesaron súbitamente y, en su cara, se dibujó una mueca de pánico y rabia. Las venas del cuello se le hincharon y las garras del parásito le apretaron la mente, negándose a soltarla. ¡Había desaparecido! ¡Se había marchado! Se había marchado, antes de que pudiera convertir su cabeza en una masa de carne.
Pronunció unas palabras incomprensibles, que se tornaron en un chirrido gutural. Justo cuando iba a gritar, escuchó algo imposible. Un ladrido. Era un ladrido que hacía años que no escuchaba,
y volvió a oírlo...
Y otra vez más.
¡Mimos!
El perro tenía el rastro de Molak.
Portia no intentó entender lo que había pasado: corrió hacia la niebla para finalizar lo que había empezado con el amigo con el que se había reencontrado.