Sable Ward
Base Info
- ChapterCapítulo de All Things Wicked
Perks
Feature
Sable no teme a la oscuridad ni al poder que reina en su interior.
Sus habilidades personales, Invocación: Arañas tejedoras, Fuerza en las sombras y Embrujada, le permiten acelerar el progreso de reparación, curarse a sí misma sin un botiquín y escapar de los ganchos del sótano.
Sus habilidades personales, Invocación: Arañas tejedoras, Fuerza en las sombras y Embrujada, le permiten acelerar el progreso de reparación, curarse a sí misma sin un botiquín y escapar de los ganchos del sótano.
Story
Sable suponía que era adoptada. Era imposible que fuese hija biológica de una madre asquerosamente alegre y de un padre sonriente, amante del golf y miembro de una hermandad en la universidad. No la comprendían para nada, igual que el resto de los habitantes de Greenville. Excepto Mikaela. Se hicieron amigas con una facilidad pasmosa en tercero. Hasta entonces, Sable no había tenido amigas. No le gustaban los ponis, las muñecas ni tomar el té con ositos de peluche. Lo suyo eran los insectos, los reptiles, ir en bici y las peleas con barro. Su festividad favorita era Halloween, y Mikaela fue la única que no pensó que estaba loca de atar cuando, en octavo curso, se tiñó el pelo de morado. La madre de Sable estaba furiosa. Su padre ni siquiera se dio cuenta. Mikaela la acompañó al centro comercial cuando quiso perforarse las orejas, y también la ayudó a escoger su primer tatuaje, un símbolo ocultista escondido en un lugar que jamás verían sus padres. Mikaela no quiso tatuarse aquel día. El lado oscuro le atraía, pero no lo vivía con tanta intensidad. Al contrario de Sable. El lado oscuro era lo único que tenía sentido para Sable, y lo disfrutaba plenamente. En parte, porque espantaba a sus padres y a sus profesores, pero también porque sentía que era parte de su identidad. Hay quien la llamaba "gótica" por su aspecto, pero ella pasaba de etiquetas. Le encantaban las películas de terror y le entusiasmaba todo lo relacionado con el ocultismo. Para ella, tenía sentido. Sabía que el reluciente mundo suburbano de sus padres escondía algo tenebroso. Ellos temían enfrentarse a sus propios miedos, así que preferían fingir que todo era ideal y que vivirían eternamente. Pero Sable sabía que las cosas no eran así. La muerte nos acechaba a todos y nadie iba a librarse de ella.
Mikaela contrató a Sable para trabajar en el Moonstone. Seguramente fuese el único sitio del pueblo donde alguien se atrevería a darle trabajo. Dio clases en la universidad local y produjo un programa de radio poco convencional en onda corta desde su buhardilla. "All Things Wicked This Night" se centraba en todo lo oscuro que acechaba en este mundo: ocultismo, leyendas urbanas, terror... Solía tener discusiones bastante intensas con Mikaela sobre qué película de terror iban a ver en el único cine de Greenville. A Mikaela le gustaba el terror con un toque de comedia, pero a Sable le iban las emociones fuertes, aterradoras y sangrientas. Le encantaba el género gore y le entusiasmaba el horror en todas sus formas. Disfrutaba sintiendo aquel chute de adrenalina. Sus debates eran entretenidos, por decirlo de algún modo.
Cuando necesitaba inspiración para su programa de radio, Sable se paseaba por el cementerio y se rodeaba de las estatuas y lápidas de los primeros colonos que fundaron el pueblo como un santuario para fugitivos. Hablaba a menudo de esa historia en el programa, e incluso formuló una teoría: decía que los avistamientos extraños y las desapariciones estaban relacionadas de algún modo con la historia del pueblo. Una de las llamadas sugirió que el pueblo estaba construido sobre una fractura. A continuación, describió el término "fractura" como una especie de interferencia entre mundos. Otra de las llamadas afirmaba que estas fracturas eran la obra de una secta muy antigua que veneraba a demonios olvidados. Otra llamada definió las fracturas como un festín cósmico para un dios ancestral que se alimentaba de dolor, miedo y tristeza. La última de las llamadas se atrevió a aseverar que no era una fractura, sino lo Desconocido: una criatura misteriosa que consumía a todas las personas que se atrevieran a imaginarla. Todas las historias resultaban entretenidas y favorecieron el debate, y a Sable no había nada que le gustase más que hablar de terror real..., hasta que este se convirtió en algo personal.
Una noche, Sable retó a Mikaela a contar una historia de terror auténtica en el festival de Halloween anual en el Moonstone. "Ponles los pelos de punta a la gente. Deja de acariciar el terror y agárralo con fuerza. Cuenta una historia sobre lo Desconocido. Haz que se lo imaginen. Haz que crean que lo Desconocido va a aparecer sobre el escenario. Lo que más aterra al público es un espectáculo donde crean que pueden morir". A Mikaela le hizo gracia la idea, pero rechazó el desafío, ya que estaba trabajando en otra historia con su compañero de piso.
Sin embargo, una niebla negra de aspecto extraño se había llevado a Mikaela durante su representación, y Sable sintió la gélida mano de la culpa agarrándola por la nuca. Estaba convencida de que había condenado a Mikaela a su perdición. ¿Se la había llevado lo Desconocido? ¿Había tratado de definirlo? ¿Y qué pasaba con su compañero de piso? Él también había desaparecido. De repente, se dio cuenta de que la historia de Mikaela no trataba sobre lo Desconocido, sino sobre otra cosa. Otra dimensión. Una dimensión repleta de criaturas terroríficas, asesinos sádicos y un horror infinito.
No era lo Desconocido.
Al percatarse de esto, Sable comenzó a investigar otras desapariciones en Greenville. No tardó mucho en percatarse de que la mayoría de las desapariciones habían tenido lugar en el cine o en lugares cercanos. Conforme avanzaba en su investigación, descubrió que el cine se había construido sobre las ruinas de un antiguo colegio de una sola sala, el cual había quedado reducido a cenizas en la década de 1920. Por algún motivo, los alumnos no pudieron salir y todos murieron engullidos por las llamas. Sintiendo que cada vez estaba más cerca de hallar la respuesta, siguió con su investigación y averiguó que dos hermanos adolescentes habían desaparecido en el cine hacía poco: Elias y Elan. La única testigo había sido su hermana pequeña, Ellen, pero la ingresaron en un psiquiátrico después de que se arrancara los ojos. Sable se hizo pasar por pariente de Ellen y logró hablar con ella. La joven confesó que sus hermanos y ella habían tratado de robar los carteles de películas antiguas que había en el almacén situado tras la pantalla. Además, describió una puerta secreta en el sótano y un pasadizo que conducía a otro lugar.
Un lugar oscuro.
Un lugar frío.
Un lugar maléfico.
"No vayas allí", le rogó la chica. "No vayas".
Pero Sable no podía hacerle caso.
No después de haberle contado esa historia.
Decidida a volver a ver a Mikaela, Sable hizo autoestop para que la llevasen al cine y no tardó en encontrar la puerta que había tras la pantalla. En medio de la oscuridad, forzó la puerta con una palanca y bajó por unas escaleras de madera que llevaban a un sótano frío y húmedo. Un interruptor encendía una luz parpadeante fluorescente que iluminaba una sala llena de butacas rotas y carteles de películas de hacía ochenta años. Inspeccionó aquel sótano enorme y encontró una puerta gruesa de madera escondida tras un cartel de la película original de Frankenstein. Empujó la puerta para abrirla, revelando una escalera de caracol infinita que conducía a una oscuridad absoluta. Utilizó su linterna de bolsillo para moverse y estuvo diez minutos bajando hasta de sentir una niebla negra y fría que emergía de abajo.
Era la misma niebla negra y fría que se había llevado a Mikaela.
Sable pensó en regresar por las escaleras a un lugar seguro. Pero, al pensar en las criaturas terroríficas, los asesinos sádicos y el horror infinito, decidió que no iba a permitir que su mejor amiga se lo pasase bien sin ella.
Mikaela contrató a Sable para trabajar en el Moonstone. Seguramente fuese el único sitio del pueblo donde alguien se atrevería a darle trabajo. Dio clases en la universidad local y produjo un programa de radio poco convencional en onda corta desde su buhardilla. "All Things Wicked This Night" se centraba en todo lo oscuro que acechaba en este mundo: ocultismo, leyendas urbanas, terror... Solía tener discusiones bastante intensas con Mikaela sobre qué película de terror iban a ver en el único cine de Greenville. A Mikaela le gustaba el terror con un toque de comedia, pero a Sable le iban las emociones fuertes, aterradoras y sangrientas. Le encantaba el género gore y le entusiasmaba el horror en todas sus formas. Disfrutaba sintiendo aquel chute de adrenalina. Sus debates eran entretenidos, por decirlo de algún modo.
Cuando necesitaba inspiración para su programa de radio, Sable se paseaba por el cementerio y se rodeaba de las estatuas y lápidas de los primeros colonos que fundaron el pueblo como un santuario para fugitivos. Hablaba a menudo de esa historia en el programa, e incluso formuló una teoría: decía que los avistamientos extraños y las desapariciones estaban relacionadas de algún modo con la historia del pueblo. Una de las llamadas sugirió que el pueblo estaba construido sobre una fractura. A continuación, describió el término "fractura" como una especie de interferencia entre mundos. Otra de las llamadas afirmaba que estas fracturas eran la obra de una secta muy antigua que veneraba a demonios olvidados. Otra llamada definió las fracturas como un festín cósmico para un dios ancestral que se alimentaba de dolor, miedo y tristeza. La última de las llamadas se atrevió a aseverar que no era una fractura, sino lo Desconocido: una criatura misteriosa que consumía a todas las personas que se atrevieran a imaginarla. Todas las historias resultaban entretenidas y favorecieron el debate, y a Sable no había nada que le gustase más que hablar de terror real..., hasta que este se convirtió en algo personal.
Una noche, Sable retó a Mikaela a contar una historia de terror auténtica en el festival de Halloween anual en el Moonstone. "Ponles los pelos de punta a la gente. Deja de acariciar el terror y agárralo con fuerza. Cuenta una historia sobre lo Desconocido. Haz que se lo imaginen. Haz que crean que lo Desconocido va a aparecer sobre el escenario. Lo que más aterra al público es un espectáculo donde crean que pueden morir". A Mikaela le hizo gracia la idea, pero rechazó el desafío, ya que estaba trabajando en otra historia con su compañero de piso.
Sin embargo, una niebla negra de aspecto extraño se había llevado a Mikaela durante su representación, y Sable sintió la gélida mano de la culpa agarrándola por la nuca. Estaba convencida de que había condenado a Mikaela a su perdición. ¿Se la había llevado lo Desconocido? ¿Había tratado de definirlo? ¿Y qué pasaba con su compañero de piso? Él también había desaparecido. De repente, se dio cuenta de que la historia de Mikaela no trataba sobre lo Desconocido, sino sobre otra cosa. Otra dimensión. Una dimensión repleta de criaturas terroríficas, asesinos sádicos y un horror infinito.
No era lo Desconocido.
Al percatarse de esto, Sable comenzó a investigar otras desapariciones en Greenville. No tardó mucho en percatarse de que la mayoría de las desapariciones habían tenido lugar en el cine o en lugares cercanos. Conforme avanzaba en su investigación, descubrió que el cine se había construido sobre las ruinas de un antiguo colegio de una sola sala, el cual había quedado reducido a cenizas en la década de 1920. Por algún motivo, los alumnos no pudieron salir y todos murieron engullidos por las llamas. Sintiendo que cada vez estaba más cerca de hallar la respuesta, siguió con su investigación y averiguó que dos hermanos adolescentes habían desaparecido en el cine hacía poco: Elias y Elan. La única testigo había sido su hermana pequeña, Ellen, pero la ingresaron en un psiquiátrico después de que se arrancara los ojos. Sable se hizo pasar por pariente de Ellen y logró hablar con ella. La joven confesó que sus hermanos y ella habían tratado de robar los carteles de películas antiguas que había en el almacén situado tras la pantalla. Además, describió una puerta secreta en el sótano y un pasadizo que conducía a otro lugar.
Un lugar oscuro.
Un lugar frío.
Un lugar maléfico.
"No vayas allí", le rogó la chica. "No vayas".
Pero Sable no podía hacerle caso.
No después de haberle contado esa historia.
Decidida a volver a ver a Mikaela, Sable hizo autoestop para que la llevasen al cine y no tardó en encontrar la puerta que había tras la pantalla. En medio de la oscuridad, forzó la puerta con una palanca y bajó por unas escaleras de madera que llevaban a un sótano frío y húmedo. Un interruptor encendía una luz parpadeante fluorescente que iluminaba una sala llena de butacas rotas y carteles de películas de hacía ochenta años. Inspeccionó aquel sótano enorme y encontró una puerta gruesa de madera escondida tras un cartel de la película original de Frankenstein. Empujó la puerta para abrirla, revelando una escalera de caracol infinita que conducía a una oscuridad absoluta. Utilizó su linterna de bolsillo para moverse y estuvo diez minutos bajando hasta de sentir una niebla negra y fría que emergía de abajo.
Era la misma niebla negra y fría que se había llevado a Mikaela.
Sable pensó en regresar por las escaleras a un lugar seguro. Pero, al pensar en las criaturas terroríficas, los asesinos sádicos y el horror infinito, decidió que no iba a permitir que su mejor amiga se lo pasase bien sin ella.